El 39 era uno de los videojuegos argentinos más esperados por la comunidad de desarrollo local, pero también por los muggles de las redes sociales. Esas personas que no saben que se hacen juegos por estas latitudes, pero que cuando ven algo interesante y encima con rasgos nacionales, levantan la oreja. Les queremos.
Pero este lanzamiento no solo es importante por la espera tras la viralización, sino también porque no estamos ante una obra mainstream normal, sino más bien ante un experimento pequeño sin ánimos de masividad ni grandilocuencias.
El 39 es, ante todo, una aventura narrativa con toques de terror y exploración. Pero también un videojuego experimental de menos de una hora de duración. Un dato que nunca debería ser negativo, pero que todo usuario tiene que tener muy en claro antes de comprar.
La premisa es sencilla, somos un chico que sale de un cumpleaños en la zona de Constitución (barrio de Buenos Aires) y pierde el último colectivo 39. Por lo que tendremos que averiguar cómo volver a casa mientras interactuamos con personajes un tanto particulares.

Si sos argentino, pero mucho más si sos de Buenos Aires, seguramente lo disfrutes de principio a fin. Ya que El 39 le habla principalmente al porteño. A ese que tuvo que tomar colectivos de noche por zonas consideradas peligrosas; al que alguna vez comió en una de las pizzerías más baratas de la ciudad; al que compró medias a vendedores ambulantes; y hasta al que escuchó historias incomprobables de una de las urbes más famosas del mundo.
Y si encima te criaste jugando videojuegos en los 90, en especial en la primera PlayStation, estás ante el combo perfecto. Porque este título argentino lanzado ayer lunes 10 de noviembre es un homenaje absoluto a los survival horror de esa década.

El 39 es un poco de Resident Evil y otro tanto Silent Hill, pero ensamblado en Tierra del Fuego. Con personajes que solo podríamos escribir nosotros, y en una geografía urbana que reconocemos al instante. Casas chicas, calles oscuras e historias pequeñas. Casi como si los pibes de Bohemian Productions tuvieran edad para haber visto Okupas. Aunque capaz se la cruzaron por Netflix.
La cosa es que la duración no te debería frenar. En una era de videojuegos interminables, repletos de misiones secundarias que solo están ahí para estirar las horas de gameplay, esta obra experimental nacional viene a dar un soplo de aire fresco. Con una sambullida en nuestra gente, calles y secretos, más algunos pequeños condimentos de terror. Muy pequeños, así que no se asusten.

Para colmo, también lo hace con los gráficos sucios de la primera PlayStation, dejando en claro que no se trata solo de una decisión tecnológica, sino también estética. Una que profundiza al ambiente que quiere representar. Y que logra perfectamente.
Párrafo aparte para la gran cantidad de referencias a la cultura popular argentina, ya no solo porteñas. Las que seguro les van a sacar más de una sonrisa.

Contar más sobre El 39, una obra salida de las tripas del taller de videojuegos experimentales de Sebastián Blanco (uno de los desarrolladores más interesantes que tiene las escena nacional), sería realmente un pecado. Ya que a pesar de su corta duración, el tono y la exploración nos llenan de sorpresas. No todo es lo que se ve en el trailer.
Así que no tengo más que recomendarles que corran a comprarlo en Steam y después me cuenten si encontraron todos los coleccionables. A mi me faltaron algunos.


Banco la producción nacional, pero decir que tiene toques de Resident Evil o SIlent Hill es vender humo.
A nivel juego, es un walking simulator con un par de jumpscares y un laberinto. Nada más.
Lo lindo es sentir y ver que es un juego nacional, con referencias nacionales, con una estética retro que nos puede a los que pendeviejos.