Uno de los recuerdos más vívidos que tengo de mi infancia en el jardín son los programas de televisión que veía fuera del horario escolar: Los Muppets, Plaza Sésamo o el menos conocido El Castillo de Eureka. Producciones infantiles que nos enseñaban a contar, leer o dar los primeros pasos en la literatura, y que nos dejaron una marca imborrable (NdE: Y que también le hace caer el documento, digamos todo).
Años más tarde, esa mezcla entre nostalgia y extrañeza infantil daría lugar a un subgénero del terror que no para de crecer: el mascot horror, con títulos como Five Nights at Freddy’s o Poppy Playtime. Pero pocos se animaron a tomar de lleno el legado estético de Plaza Sésamo o Los Muppets… hasta la llegada de My Friendly Neighborhood, de los hermanos John y Evan Szymanski y Dread XP Studio.
Elmo sabe dónde vivís
La pupafobia es el miedo irracional a las marionetas. Las causas pueden ser muchas: desde traumas infantiles hasta la inquietante sensación que nos provoca algo que parece humano, pero no lo es del todo. My Friendly Neighborhood construye su propuesta desde ahí: marionetas realistas, una estética de programa infantil de los 90 y un estudio de televisión abandonado.
En esta aventura en primera persona, controlamos a Gordon, un empleado de mantenimiento que es enviado a desconectar la antena de un viejo canal que, misteriosamente, comenzó a emitir de nuevo durante la noche. El problema es que la señal no proviene de un canal cualquiera, sino de My Friendly Neighborhood, un show infantil cancelado hace años. Al llegar al estudio, Gordon se encuentra con títeres vivientes que deambulan por los pasillos y que, pese a su apariencia adorable, parecen no estar muy bien de la cabeza. Uno de ellos, Ricky, incluso nos pide que no cortemos la transmisión.

Marionetas, puzzles y cinta adhesiva
My Friendly Neighborhood es una aventura con tintes de survival horror, donde exploramos un entorno cerrado, resolvemos puzzles y combatimos a enemigos con armas improvisadas como una pistola deletreadora o una llave inglesa. El inventario recuerda al clásico maletín de Resident Evil 4 y hay habitaciones seguras donde podemos guardar partida, curarnos o dejar objetos.
El diseño de niveles se destaca por su variedad visual y por evitar el backtracking excesivo. Cada zona tiene su estilo, y los mapas están pensados con ingenio: algunos son planos técnicos, otros están dibujados a mano, como en Silent Hill.

En cuanto al sonido, el voice acting es sólido y homenajea a las viejas series de marionetas. Cada sala tiene su propia ambientación sonora, pero el efecto de sorpresa se diluye rápidamente. Las marionetas no solo hablan constantemente (a veces de forma molesta si hay varias en la misma habitación), sino que también delatan su posición antes de que podamos reaccionar.
Un barrio con luces y sombras
Si bien la premisa es excelente, hay aspectos que podrían estar mejor ejecutados. El principal problema es que el terror no termina de cuajar: el constante parloteo de las marionetas rompe la tensión y su variedad es limitada. Podemos derrotar a una, atarla con cinta adhesiva… y encontrarla suelta otra vez en la habitación siguiente.
También hay detalles visuales que desentonan, como la interfaz de usuario, que aunque busca emular una estética infantil, termina sintiéndose poco pulida y genérica.

Una vez finalizado el juego, que dura unas cinco horas, se desbloquea un modo horda donde enfrentamos oleadas de enemigos con las armas que hayamos conseguido durante la campaña. Una adición simpática para quienes quieran seguir experimentando con su propuesta.
Conclusión
My Friendly Neighborhood es una apuesta diferente dentro del survival horror. Más amable que perturbadora, mezcla con acierto nostalgia, humor y pequeños sobresaltos, convirtiéndose en una puerta de entrada ideal al género. No es perfecto, pero sí encantador a su manera.

Está disponible en PlayStation 4 y 5, Xbox Series X|S y PC (Steam y Xbox Game Pass), el juego de los hermanos Szymanski es una buena opción para quienes quieren algo raro, divertido y con cierto sabor a infancia mal digerida.

