El debate sobre si los videojuegos son un arte o no, está saldado. Entiendo que desde hace muchos años. Tal vez desde el maravilloso surgimiento del movimiento indie, allá por 2005 y con resultados como Braid de Jonathan Blow, Today I die del argentino Daniel Benmergui, Papers, Please de Lucas Pope, o más adelante Journey, Inside, GRIS, Celeste, The Red Strings Club y tantos otros.
Los videojuegos ya no son un solo mero entretenimiento, o por lo menos no la mayoría. Muchos intentan contarnos algo, expresar determinados sentimientos, emociones, deseos… y SEASON: A letter to the future es un inmenso ejemplo de eso.
El título de los canadienses de Scavengers Studio (Darwin Project) va sobre la piedad del olvido, la exploración, el conocimiento y, principalmente, sobre la conservación de la historia y sus personas. Un viaje, con grandes toques de misticismo, hacia lo desconocido. Pero, como toda obra artística, no es para todo el mundo.
SEASON: A letter to the future es lento, poético y está abarrotado de solemnidad. Está claro que su búsqueda es la de reflexionar sobre nuestro paso en este mundo, las relaciones humanas y la belleza de los entornos que nos rodean. Aunque claro, con un ritmo no apto para cualquier jugador/a.
Amo los videojuegos como medio artístico, ya que su carácter de interactivo nos lleva a lugares a los que jamás llegaríamos con una película o un libro. Somos parte de esa narrativa y es inigualable, pero así y todo, creo que al presente videojuego le faltó una pequeña vuelta de tuerca para que me termine de enganchar como esperaba.
Sus intenciones son maravillosas, su duración (6/8 horas) me parece perfecta para un título independiente y con estas pretensiones, pero estoy convencido de que falla en el ritmo y en su exceso de solemnidad.

El puntapié inicial de la narrativa comienza cuando un niño de Caro, el pueblo del cual es oriunda la protagonista de la historia, tiene un sueño premonitorio. Se acerca el final de la estación (Season en inglés) y la mente de todos los seres que habitan la tierra se va a reiniciar. Algo así como un cambio de era del que queremos ser testigos.
Pero claro, en Caro nadie sale al mundo exterior. Hay jóvenes que jamás conocieron otro lugar, y mayores que todavía recuerdan con horror una guerra que cambió al mundo para siempre, y que lo dividió en pequeños poblados que hoy son casi una postal fantasmal de lo que alguna vez fueron.
Sin embargo, nuestra protagonista no desea quedarse con las ganas y pide permiso en el pueblo para que la dejen salir a explorar y a recolectar los últimos testimonios, recuerdos e imágenes. Conocer gente nueva, preguntarle sobre sus vidas, sacar fotos de lugares desconocidos y llegar, de ser posible, a la nueva Season con todos esos documentos. Algo así como una periodista historiadora con ansias de conservación.



Y para eso, agarraremos nuestra bicicleta, cuaderno, grabadora y cámara, y dejaremos atrás Caro. Un pueblito casi calcado de pequeñas regiones de Italia.
En el camino encontraremos de todo, pero principalmente los restos de un mundo que parece haber sido mucho más grande y próspero de lo que es ahora. Y con personajes que lo recuerdan y que, al igual que nosotros, parecen saber que se avecina un cambio que no podrán evitar.
Desde una madre soltera con un hijo chiquito, hasta una artista frustrada y un monje solitario. Todos ellos y los entornos que vayamos visitando con nuestros tiempos, ya que SEASON es un pequeño sandbox con secciones, se irán plasmando en un cuaderno que podremos customizar con fotos, grabaciones y dibujos para la posteridad. De ahí el subtítulo del videojuego: «Una carta al futuro».


Ese será nuestro viaje, ser testigos del final de una era y el principio de otra arriba de una bicicleta. Como quien sale a la ruta a hacer dedo en busca de historias, pero con una finalidad aún más altruista.
De ahí que comencé hablando de su carácter poético y solemne. Porque si bien hay mucho más que deberán descubrir por ustedes mismos, como sus costados más místicos y reflexivos, o sus diálogos filosóficos, la realidad es que SEASON: A letter to the future es, en esencia, una aventura hacia lo desconocido. Y yo no soy quién para adelantarles más.
Lo pueden jugar a partir del 31 de enero en consolas PlayStation y PC.

