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Los orígenes del videojuego argentino

La creación de Playland y el surgimiento de las primeras computadoras.

Sarondan

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En esta primera participación entre Replay y Press Over, me encantaría hablar de lo que más me gusta: historias de videojuegos. Pero no cualquier historia ni cualquier videojuego, sino más bien, de esa Historia que se escribe con mayúsculas y que remite a nuestro país.

En nuestra Nación hay una enorme tradición ligada al videojuego y a lo que lo rodea. Pero pese a esto, muy pocos conocen que detrás del actual boom de videojuegos argentinos, existieron una serie de héroes anónimos, empresarios, hackers y piratas del conurbano profundo que fueron los fundadores de una industria que hoy crece día a día y busca construir una identidad propia sin conocer todavía su historia pasada.

Juan Kurhelec, fundador de Playland, con las revistas Replay sobre su escritorio.

Pero, ¿por dónde empezar? ¿dónde creen ustedes que inicia esta Odisea del Videojuego Nacional? De seguro les sorprenderá saber que quién inicio la industria del videojuego argentino lo hizo muy lejos del siglo XXI: más precisamente en el año 1939, cuando Kurhelec (padre) traía junto con un socio estadounidense los primeros pinballs a nuestro país.

Pero no eran como los actuales, no tenían flippers, simplemente uno tiraba la bola y la misma caía en algún lugar, marcando el puntaje. En ese taller casi artesanal, se paseaba Juan Kurhelec (hijo), que con tan solo 9 años ya andaba martillando y arreglando máquinas. Ese joven se transformaría luego en el fundador de Playland, una de las empresas de salones de arcades más importantes de nuestro país.

En la actualidad, Playland sigue existiendo y Juan Kurhelec, con sus ya 90 años encima, sigue viajando a las ferias de arcade de todo el mundo para traer máquinas nuevas para sus salones (NdE: un crack!).

La cosa es que en 1992 conoció a Ricardo Gayoso y Gustavo Abella, dos jovenes hackers entusiastas de la informática, la programación y la filosofía. Eximios nerds a los que el armado de circuitos integrados, placas mothers hechas a mano y discusiones sobre si el alma humana existía y si esta podía ser medida con algún estrambótico aparejo electrónico, les corrían por las venas. Muchachos egresados del Colegio Nacional Buenos Aires que a fines de los 70 diseñaron la primera computadora del país.

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¡Tremenda hazaña para dos jóvenes del tercer mundo que vivieron durante una de las etapas más oscuras de nuestra historia! Pero volvamos a su relación con Kurhelec.

Con esa computadora nació el mítico TRUCOTRON, el primer arcade diseñado íntegramente en nuestro país. El desarrollo del mismo transcurrió a mediados de los 80, pero debido a un incendio todo se retrasó. Por eso no fue hasta el 92′ que se lo logran mostrar a Kurhelec, quien sin dudar demasiado, les compra unas 400 placas para poblar los salones de Playland.

Pero si bien Gayoso y Abella fueron los únicos en desarrollar un arcade por completo, hubo otras personas que estuvieron detrás de los orígenes de videojuego argentino.

Es así como entra en esta historia Miguel “Miky” Ojeda, profesor de la Universidad de Lomas de Zamora, UTN, UNSAM e investigador de universidades europeas como Cambridge y Oxford. Que tiene sobre sus espaldas un historial de hackeos imposibles a infinidad de placas de arcades, cartuchos de Sega y SNES, además de customizaciones de placas y diversas consolas de 16 bits.

A diferencia de Gayoso y Abella, que decidieron hacer un hardware de cero, Ojeda comprendió que realizar una placa le resultaría sumamente costoso, sobretodo en la Argentina hiperinflacionaria de los 80. Por esta razón, decidió encarar su odisea a través del hacking: tomó diversas placas de arcade y las modificó a su antojo, en una época en que ni siquiera existía Internet. No había manuales de nada e incluso se trabajaba sin computadora.

A base de prueba y error, Miky recompilaba las memorias y chips de diversos juegos para modificarlos a su antojo. Así fue que creo engendros hermosos como el TC 2000, donde cambió los sprites del Pole Position por autos argentinos y letreros de YPF. El Pac-man Club, donde modificó el Pac-Man original para ser jugado en modo cooperativo. Y, quizás su creación más reconocida, el Truco Clemente. Donde también cambió al comefantasmas para hacer un juego totalmente distinto al que estaba dispuesto en el hardware original.

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Estos héroes y fundadores de la industria del videojuego argentino fueron hasta no hace mucho tiempo completos desconocidos. Nadie sabía de su existencia y su mero testimonio estaba próximo a perderse en las arenas de la Pampa indómita. Por suerte, estamos haciendo todo lo posible para rescatarlos del olvido y el desconocimiento.

Si quieren más historias de este estilo, sigan número a número la Revista Replay o lean esta columna una vez cada quince días.

Jefe de redacción en Revista Replay. Docente y afrokarateka. Nació con una 486 bajo del brazo. Enfermito de los jueguitos de DOS, amante de los RPGs viejos y los RTS clásicos. Juega todo lo que se pueda emular y piratear (no lo hagan en sus casas). Y en lo que me queda de tiempo libre, cartonea compus.

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