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Mis prejuicios me privaron de The Witcher

A veces estamos muy cerca de perdernos las aventuras más mágicas de los videojuegos.

Ani Albano

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Creo que en mi vida como jugadora de videojuegos, del 2015 en adelante, perdí la cuenta de la cantidad de gente que me dijo “no puedo creer que no hayas jugado al Witcher”.

Parecía como si todos mis amigos y conocidos estuviesen convencidos de que era el tipo de juego que me iba a gustar, que me tenía que gustar. Un poco lo sentía como una obligación y un compromiso, amén de que me habían quemado tanto la cabeza que ya me generaba rechazo.

Pasé mi tiempo esquivando críticas, comentarios, videos, memes. Defendía a capa y espada la premisa de que The Witcher no era un juego para mí. Claro que no tenía ni un sólido argumento para insistir en esto y, sinceramente, no puedo recordar cuántas excusas metí.

Después las excusas se fueron diluyendo a “pero no jugué al 1 y al 2”. “Pero no voy a entender la historia”. “Pero yo soy muy de la saga Souls, esto me parece demasiado fácil”. Pavadas más, pavadas menos.

La clave estuvo en un buen amigo que me dijo “no importa que no hayas jugado los anteriores, la historia se te va explicando un poco. Y, de última, a vos que te encanta leer, lee los libros y fijate”.

¿Libros? ¿Para colmo tengo que leer los libros? ¿Qué clase de El Señor de los Anillos es esto?.

En fin, creo que entienden mi punto. No tenía ganas. Odiaba el juego porque sí, fin. Pero todo prejuicio sin fundamentos llega a encontrar su final. Este final para mí vino un día, navegando por PSN en época de ofertas, cuando, de golpe y de lleno, me lo encuentro. The Witcher 3: Wild Hunt, 20 dólares. 20 dólares compran mucho maní, o una copia del Witcher… Qué difícil decisión.

Es una experiencia muy interesante arrancar un juego sin ningún tipo de expectativa, algo que al día de hoy no me canso de recomendar. Incluso siendo que The Witcher 3 ya había cumplido dos años, no había sido víctima de ningún spoiler, así que ni siquiera tenía la certeza de qué era lo que estaba por jugar.

Sabía que era un RPG. Sabía que el protagonista era el brujo Geralt de Rivia. Sabía que le crecía la barba y el pelo si se lo cortabas en el juego. Y sabía que había mucho sexo y muchos bugs. Así de mucho estaba enterada.

Digo con bastante orgullo que no importa cuánto me quisieron viciar el juego, no existieron palabras que pudieran manchar lo que me iba a encontrar.

No estamos viendo el típico camino del héroe que nos explica Joseph Campbell…

Es importante para mí aclarar que siempre fui de juegos con tonalidades oscuras y macabras (se caía de maduro de todas formas, pero de golpe los puedo sorprender).

Todo juego que toque o roce lo fantástico medieval va a tener aunque sea un ápice de oscuridad, pero no al nivel que yo suelo buscar. Quizás verlo tan colorido también me generaba un poco de rechazo, pero The Witcher tiene el balance justo entre lo macabro, lo fantástico y lo real.

Arranqué The Witcher 3, sin más, en Junio del año pasado. Tuve períodos sin jugar, tuve períodos de vicio intenso de sol a sol, tuve puchitos de juego de una o dos horas. Pero entre todo eso puedo afirmar y reafirmar que el juego jamás llegó a aburrirme, y menos me dieron ganas de soltarlo.

Sigo jugando al día de hoy, y, muy a mi pesar, estoy alcanzando el final de Blood and Wine, el último DLC.

Entiendo ahora por qué ganó RPG del año. Así, sin más, The Witcher se robó indiscutidamente el podio de mi juego favorito, y llegó a un nivel que dudo que se pueda volver a alcanzar.

Entre las side-quests, los lugares por descubrir, las quests espontáneas, la quest principal, y todo lo que hay para hacer en el mundo, incluso escalar las montañas de Skellige solamente porque nos relaja y nos embelesa la música que acompaña la aventura, no hay un minuto en el que puedas decir que el juego es aburrido.

Creo que The Witcher es un juego basado en sutilezas, y eso es lo que lo hace tan grande. No estamos viendo el típico camino del héroe que nos explica Joseph Campbell en El Héroe de las Mil Caras. De hecho, dependiendo de cómo encaremos la historia, Geralt bien podría no ser un héroe.

Geralt no es más que un espectador en la aventura de otro…

Estamos hablando de un tipo que busca desesperadamente a su “hija”, Ciri, pero que a la vez tiene todo el tiempo del mundo para: meterse a participar en torneos de Gwent, emborracharse y buscar vampiros cantando canciones subidas de tono en el medio de la ciudad, ir a darse una vueltita por el burdel, meterse en mil problemas con cuanta bruja se le cruce, buscarle la sartén perdida a una pobre señora, agarrarse a piñas con lugareños, y guiar una cabra por el bosque.

No, señores. Geralt no es ni el héroe que necesitamos, ni el que estamos buscando… Geralt es el héroe que todos queremos, porque por mucha mutación que tenga, es humano. Es alcanzable, tiene errores. Sufre, la pasa mal, y está mucho más cerca de nosotros de lo que quisiéramos admitir.

¿Y nuestras heroínas? Digamos que ni Yennefer, ni Triss califican como tal, pero eso no hace que las dejemos de amar. Claro que nuestra verdadera heroína es la chica que porta la Elder Blood: Ciri.

La historia gira en torno a ella, y finalmente entender que Geralt no es más que un espectador en la aventura de otro me dejó pensando en la complejidad narrativa que se esconde detrás de “sólo un juego más”.

Hace dos años, no soportaba la idea de que me hablen de The Witcher. Hoy, me encuentro escuchando la banda de sonido casi todos los días de camino al trabajo. O, bien, mientras trabajo. También estoy leyendo toda la saga de libros. Y estoy buscando una buena excusa para poder empezar el juego una vez más, sin importar todos los otros juegos que tenga en el tintero.

Tal es el punto de mi fanatismo que porto un hermoso tatuaje en mi brazo con los signos, el medallón del lobo, las lilas y las grosellas. Una vez que la marca llega a la piel, es porque ya abarcó todo lo que pudo en la cabeza y en el corazón.

La moraleja de todo esto: nunca sabemos cuándo el prejuicio nos está privando de algo maravilloso. Así que, al menos en lo que a juegos se trata, sigan su propio instinto…

O su Witcher Sense.

Escribe y habla sobre videojuegos desde hace 7 años, pero los juega desde su más tierna infancia. En sus ratos libres se disfraza de personajes de Star Wars e intenta ganar partidas de Magic. Cuando le sobra tiempo, trabaja en sistemas y pretende ser una adulta proactiva.

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