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Qué faroles, Adam

Es difícil conocer a alguien. A veces, para (re)definir a un personaje solo basta con poder mirarlo a los ojos.

Tom Russo

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Fue inevitable. Después de enterarme que durante este mes PlayStation iba a estar regalando Deus Ex Mankind Divided recordé inmediatamente uno de los elementos más pequeños del juego. Uno que logra definir a su protagonista de manera tan magistral, que merece ser aplaudida: los ojos de Adam Jensen.

Pasaron casi dos años desde que recorrí las calles de Praga resolviendo conspiraciones y leyendo mails ajenos a troche y moche. Algunos detalles de la historia ya se me escapan, pero los ojos de Adam son algo que no puedo olvidar.

Como personaje, Adam Jensen fue criticado por parecer completamente ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Y no es una observación del todo infundada. Con esa voz monótona que tanto lo caracteriza, y con un rostro que gracias a unos lentes encarnados parece de piedra, da la sensación de que al tipo no se le mueve un pelo, no importa cuánto sufrimiento humano le pongamos enfrente.

Se trata de un detective frío como heladera, siempre navegando por la fina línea entre hombre y máquina. Esto quizás lo hace un excelente candidato para su trabajo (y todos sabemos que lo es), pero no le suma para nada en el plano social.

La pared emocional que lo rodea es, en parte, causa de la tensión constante con sus compañeros de la Task Force 29, haciendo que su interacción con ellos se limite a discusiones pasivo-agresivas. Incluso cuando uno de ellos demuestra interés romántico por Adam, éste se ve torpemente limitado a provocar un caudal de momentos incómodos.

Imperturbable, la actitud de Jensen puede llegar a aburrir, o incluso a molestar. Pero las barreras eventualmente se levantan durante una conversación por video con Eliza, en la que, sorprendido, retrae sus lentes. Revela su humanidad. Ahí están, para nuestra admiración, su incredulidad por lo que está sucediendo pero también su historia.

Ese momento todavía resuena en mi cabeza por lo transformativo que resultó en mi percepción de Adam. No tengo la más pálida idea sobre programación y modelado, sin embargo he escuchado varias veces que lograr que los ojos de un personaje queden bien es mucho más difícil de lo que parece. Pero, pese a lo desafiante que pueda llegar a ser, ahí estaba yo frente a una ventana literal al alma de Jensen.

Una acción tan pequeña como sacarse los lentes le dio un vuelco de 180 grados al personaje. En los ojos de Adam podía ver claramente la tristeza y agonía que había vivido hasta ese momento. Lo que antes parecía desinterés ahora era un visible agotamiento. La voz gastada y monótona, y la muy parodiada frase “I never asked for this” cobraron nuevo sentido. Jensen dejó de ser un robot indestructible.

Lo que tenía frente a mi era un soldado fatigado, peleando por inercia más que por pura convicción. Un tipo al borde de olvidarse qué lo llevó a levantarse en armas, pero seguro de su necesidad de blandirlas.

Pero también había algo más. En la luz blancuzca que emiten los ojos cibernéticos de Adam es posible entrever una advertencia. Porque podrá estar agotado pero eso no significa que lo hayan vencido. Jensen está al tope de la cadena alimenticia. Es un depredador, y así lo ha demostrado en las últimas dos entregas de Deus Ex.

En los ojos de Adam podía ver claramente la tristeza y agonía que había vivido…

Esto queda igualmente claro para quien se topa con él por primera vez. Su mirada intimida por lo penetrante. Nos hace entender que hay una violencia expectante dentro de Jensen, agazapada y lista para saltar al ataque. Trasladándonos a nuestro mundo, probablemente sólo encontremos una mirada así entre algunos de los cazadores más avezados, como el tigre de bengala o el puma.

Los felinos, incluso los domésticos, comparten con Jensen esa característica: la capacidad de petrificar a su oponente con tan solo la mirada, aun a buena distancia. La diferencia radica en que nuestro agente cuenta con la capacidad de ocultarse, literalmente, detrás del opaco de sus anteojos, en lo que es un importante factor estratégico y un ataque sorpresa encapsulado.

Podríamos seguir excavando, queremos seguir haciéndolo. Pero como si Adam se sintiese de pronto en peligro, sus lentes vuelven a cerrarse, expulsándonos. Jensen vuelve a ser el mismo agente imperturbable, pero al mismo tiempo ya no es el mismo.

Tom es Editor de día, laburante de la TV de noche. Sueña con un juego que combine arqueología e ingeniería civil. Ama aprender y enseñar sobre historia. Pueden contactarlo en: tomrusso@pressover.news

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