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The Stanley Parable

En abril rompemos la cuarta pared.

Mer Grazzini

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The Stanley Parable

Empieza otro mes y con él otra temática de VideoJueves, esa columna semanal en la que les hablo de juegos cortos, independientes y muchas veces gratuitos.

Aunque pasaron algunos meses de Bandersnatch, el capítulo de Black Mirror para Netflix en el que se puede intervenir en la historia, nunca es tarde para recapitular algunos de esos juegos que rompen la cuarta pared y nos interpelan en nuestro rol de jugadores.

Y The Stanley Parable es el ejemplo perfecto de este paradigma, una historia con muchos finales y un sólo principio, que reviviremos mil veces cada vez que debamos volver a empezar.

Todo arranca con Stanley, un hombre común que va a la oficina todos los días a hacer un trabajo monótono pero que lo entretiene. Más una voz en off que nos va relatando lo que sucede a cada paso.

Pero un día llegamos y encontramos todo vacío. 

A partir de ahí iremos avanzando por los pasillos hasta que lleguemos a una habitación con dos puertas. Entonces el narrador nos anticipa “Al llegar a una bifurcación, Stanley tomó la puerta de la derecha”. Y este es el punto en donde empieza el cuestionamiento a nuestro libre albedrío como jugadores. Podemos entrar por la que nos indican haciendo caso a lo que quieren de nosotros, o revelarnos.

The Stanley Parable se vuelve entonces un comentario en tono de humor sobre la narrativa de los videojuegos y la falta de decisión real que ofrecen. Stanley no es otra cosa que un jugador. En su trabajo, aprieta los botones que la computadora le dice que apriete, en el orden indicado y es feliz haciéndolo. Y se ve desconcertado cuando deja de recibir órdenes.

Este enfrentamiento del título con situaciones comunes va a ser una constante.

Hay lugares donde podemos “romper” el juego al salirnos del camino, sólo para darnos cuenta que es el mismo juego mirándonos condescendientemente ante nuestro intento de ir más allá de los límites impuestos. Y otras veces que nos quedamos quietos o entramos a callejones sin salida, el narrador se nos va a burlar por no hacer avanzar el relato.

Como imaginan, hay una gran cantidad de historias y desenlaces distintos para explorar, no tanto el mundo del juego, sino nuestra propia condición humana y el estado de la industria. Haciéndonos cuestionar y reírnos de nuestras costumbres como jugadores, nuestra posibilidad de elección sólo dentro de los parámetros establecidos y el rol de los participantes de estos. Porque llegará un punto en donde el narrador, tradicionalmente un elemento extradiegético (exterior al relato) se va a volver parte fundamental, transformándose en un personaje más del cuento.

The Stanley Parable está muy económico en Steam (en 2019 llega a otras plataformas) y ofrece una demo gratuita que no forma parte del juego completo. Por lo que recomiendo jugar también. Espero que los haga reír y los llene de interrogantes. Nos vemos semana que viene!

Corresponsal desde Rosario. Mer divide su tiempo entre luchar contra su tesis de licenciada en Bellas Artes, componer canciones y hacer jueguitos. Sus brownies son reconocidos en varias provincias.

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