Tradicionalmente, diciembre es un mes de cierres y balances en todas las actividades. El sector del entretenimiento al que se dedica Press Over no escapa a estas convenciones y elige ubicar sus reconocimientos en el último mes del año. Por eso, en estos días habrán visto varias polémicas sobre los galardones que se dieron y los que vendrán. No importa si hablamos de los «Golden Joystick Awards” o «The Game Awards”, todos tienen una cuota de discusión por algún motivo.
En el caso de los “Golden Joystick Awards” se vio un enojo colectivo por la selección de Dark Souls como el mejor juego de la historia. Es un tipo de intercambio a los que cualquiera, mínimamente presente en redes, está acostumbrado. Simplemente se trata de leer personas defendiendo su posición mediante el uso indebido de mayúsculas y el lanzamiento de acusaciones sin sentido. Distinta es la discusión que se da en torno a los “The Game Awards”, donde la charla adquiere otro matiz.
En vez de estar hablando sobre las premiaciones, todo se da previo a la emisión y gira en torno a las declaraciones de su organizador Geoff Keighley. Hace unos días este anfitrión manifestó que en la emisión de este jueves no habrá ninguna mención acerca de lo que sucede en Activision-Blizzard. Geoff argumenta que no quiere reducir las oportunidades que tienen los desarrolladores de presentar sus juegos y prefiere pensar una estrategia mejor para abordar este problema.

No elegir para no molestar
La posición que elige Geoff Keighley puede parecer oportuna y acertada en primera instancia: usualmente tomar posturas rápidamente lleva a errores groseros debido a la falta de información con la que se cuenta. El problema es que en este caso, el conocimiento que tenemos de la situación es considerablemente amplio. No estamos hablando de una historia reciente, las acusaciones que caen sobre el CEO y otros integrantes de la compañía surgieron hace bastante tiempo.
Incluso su elección de palabras es extraña: la idea de que mencionar la situación en la premiación quita tiempo para que los desarrolladores presenten sus juegos corre el foco de la discusión. El evento tiene como motivo ser una celebración de la industria, es necesario que se hagan comentarios sobre estas cuestiones para liberar tensión sobre los damnificados.
Aun si aceptamos este débil argumento, hubo un tiempo considerable para balancear la denuncia con el tiempo de transmisión disponible. No es un amateur y esta edición no es la primera, hablamos de una persona con experiencia en la organización de la E3 y que es completamente capaz de lograr un equilibrio necesario. Toda su respuesta suena como una excusa para evadir el problema y es que justamente se trata de eso porque, como suele decirse, no tomar postura es elegir una.

Si contextualizamos el evento, las declaraciones de Geoff tienen mucho sentido ya que hablamos del presentador de la premiación más importante del medio. Este hombre tiene una posición desde la cual se contacta con los grandes miembros de la industria y hace un tiempo está acercándose a otras formas de entretenimiento. No es casualidad que Nolan haya estado en una edición anterior y que en la de este año contemos con la presencia de Keanu Reeves y Simu Liu.
Es una figura reconocida, que no puede ni quiere hacer una elección que perjudique su imagen y le recorte posibilidades de negocios a futuro. Aun cuando las cabezas de Playstation, Nintendo y Xbox se han manifestado en contra de las prácticas de Activision, la compañía está lejos de sufrir consecuencias reales sobre estos actos. Lo que es peor, en su reciente balance ha comunicado que durante estos meses sus ingresos aumentaron considerablemente y pese a ello se decide despedir a múltiples trabajadores.
Lo máximo que estuvo dispuesto a hacer Keighley fue un arrepentimiento indirecto luego de muchas respuestas negativas a sus comentarios. Mediante su cuenta personal anunció que durante The Game Awards Activision-Blizzard no sería partícipe, estando limitada su presencia a las categorías en las que sus títulos fueron nominados. En ese momento la decisión de reconocer o no los juegos recae exclusivamente en los votantes, que no son otros que algunos medios seleccionados de la prensa especializada.
Beyond its nominations, I can confirm that Activision|Blizzard will not be a part of this year’s #TheGameAwards
— Geoff Keighley (@geoffkeighley) December 4, 2021
¿A quien le damos la medalla?
Y en ese punto es que se abre otro problema para lo que será la elección de los ganadores. Si bien muchos periodistas y medios son enfáticos en mostrar su descontento hacia estas prácticas, lo cierto es que igualmente se sigue premiando a compañías que recurren al crunch y han sido denunciadas por otras prácticas ilegales. Se eligen títulos elaborados por estas empresas como si no importara lo que han hecho, marcando de manera ficticia una separación entre el juego y su entorno de producción.
Esta conversación probablemente les resuene porque tiene muchos puntos en común con el debate de si el artista es separable de la obra. Usualmente esa discusión se da en torno a la obra de figuras repudiables por actos como abuso sexual, violencia o racismo explícito y tiene múltiples argumentos para dialogar. Desde mi posición creo que es imposible separarlo, debido a que las formas de arte están necesariamente unidos a los sujetos que las elaboran. Eso no quita que puedan llegar leerse, escucharse o verse sino que apela a reconocer los problemas detrás de cada producción.
Desgraciadamente esa discusión no se da en el ambiente de los videojuegos. Al ser un sector dominado por personas que se sobre identifican con lo que disfrutan, toman como una afrenta personal la mención de los problemas de cada título. Convierten cada una de las experiencias jugables en un monolito para adorar, un objeto sagrado que no puede mancharse con los detalles de su realización. Asumen la idea de una visión objetiva que se arruina cuando se tocan temas como denuncias a las compañías que los realizan.

Esta situación también se extiende a la cobertura del medio, debido a que quienes escriben y votan en The Game Awards pueden llegar a tener una posición similar a la detallada anteriormente. En estos casos siempre van a elegir ignorar todo el trasfondo para que sus amados juegos no se manchen. No importa la cantidad de información que tengan, rechazan unirla para que su conciencia quede tranquila y puedan seguir disfrutando sin preocupaciones.
La consecuencia inmediata de esto refuerza la idea de que no importa el acto que se realice, los grandes desarrolladores y distribuidores no serán castigados realmente. En la mayoría de los casos se da una vuelta de página y todo queda sepultado por el próximo trailer que presenten. Tal vez la única forma de reparación resulta de las sentencias que dicta la ley restos muchas veces son insuficientes.
En vez de crecer, nos encontramos en un medio que quiere desentenderse de los errores. Se apela a la negación de problemas estructurales o a las falsas soluciones como los cambios de cúpula cuando esto no garantiza nada. Es la cultura personalista de los CEO la que crea una elite que considera tener el poder de hacer lo que se les antoje y precisamente por ser parte de este acuerdo, varias figuras deciden no tomar una posición.
Plante is right here, but Kotick resigning must also be the first step in a larger re-alignment. The things that happened here werne't just because the bad guy was in charge, but because of a fundamental imbalance of power in favor of executives over workers. https://t.co/caz0AuiswZ
— austin walker (@austin_walker) November 16, 2021
Aunque nos olvidemos, detrás de todo hay gente
Parece una obviedad decirlo pero las personas que diseñan videojuegos son el centro del medio y ellos se ven perjudicados por estas acciones. Como sucede en otros ámbitos, el reconocimiento pese a las acciones negativas realizadas refuerza la idea de que no tiene sentido denunciar. No importa si hablamos de abuso, violencia o acoso, las víctimas de estos actos entienden que el mensaje es: tu testimonio no vale. Lo que es peor, eventualmente este contexto aleja a otras voces y radicaliza las posiciones más negativas.
La única forma de solucionar estos problemas es la organización entre los empleados, precisamente por eso en este momento se están dando la creación de tantos sindicatos. Son varios los ámbitos que antes no poseían una organización de trabajadores y ahora comienzan a generarse. Hace unos meses fueron los cómics, después el reclamo en el sector del cine y pronto en videojuegos.
No se pueden ignorar estos problemas, no se puede apelar a que toda la máquina de producción siga trabajando a cualquier costo. Hay personas detrás, vidas que dependen de un sueldo y que son mucho más valiosas que los tres trailers que van a pasar en vez de denunciar lo sucedido. Es entendible que Geoff Keighley cuide su negocio en The Game Awards pero eso no lo hace más justificable, aun menos que quienes cubrimos esta industria elijamos correr la vista para disfrutar como si no importara nada más.
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