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lunes, septiembre 26, 2022

Arcade Paradise: tu propio salón de fichines

Más que un videojuego de fichines, un simulador de gamificación.

Nacho Jacobo

Comunicador Social devenido en publicitario y marketinero digital. Gamer desde muy chiquito, diría que mi segunda escuela fueron los salones de fichines. Fanboy de Warcraft y Diablo.

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¿Estás cansado de trabajar 9 horas en una oficina de Lunes a Viernes? ¿Sentís que estás perdiendo el tiempo? ¿Alguna vez soñaste con ser dueño de un salón de fichines? Si tu respuesta es SÍ, Arcade Paradise es la mejor opción que tenés para vivenciar esto. El nuevo título de Nosebleed Interactive nos invita a perseguir este sueño, pero cuidado, quizás es más monótono de lo que creíamos y puede ser que rápidamente extrañemos la comodidad de un trabajo en relación de dependencia.

Así que querés ser tu propio jefe…

La propuesta de Arcade Paradise es bastante simple y directa: gracias a la “buena onda” de nuestro padre logramos hacernos cargos de una lavandería para empezar a hacer nuestras primeras armas en el mundo adulto/laboral.

En un principio nos vamos a encontrar absortos intentando mantener la dinámica de meter ropa en el lavarropas, sacarla, colocarla en el secarropas y entregársela a nuestros clientes, hasta que en un momento descubriremos que en la parte trasera del local se encuentran una serie de fichines que nuestra hermana, la anterior encargada del local, compró para intentar darle un giro al negocio pero que nunca pudo despegar.

Lavanderia - Arcade Paradise
Así se vería una lavandería en Silent Hill.

En este punto el juego nos da la libertad de elegir qué tipo de camino queremos seguir: Volvernos la cadena más importantes de lavanderías (¡tiembla LaveRrap!) o bien intentar demostrarle a nuestro odioso padre que los videojuegos son una fuente mayor de ingreso financiero. Y obviamente que vamos a elegir la segunda opción para ir en contra de nuestro viejo mala onda.

Todo está en los detalles

Una vez que nos decidimos a expandir nuestro negocio, Arcade Paradise nos permite ir comprando distintas máquinas que, obviamente, podemos probar. Una suerte de Inception de los videojuegos: el fichín dentro del fichín.

Absolutamente cualquier título que compremos vamos a poder viciarlo (¡y hasta tienen sus propios logros desbloqueables!), así que entre carga y carga de ropa podemos ir corriendo al fondo del local para descomprimir un rato, pero ojo que si nos colgamos puede atentar contra la experiencia final de nuestro servicio de lavandería y, consecuentemente, cuando entreguemos un pedido de ropa obtengamos un score (y un pago) muy bajo.

Throwing the garbage: The Game.

Y acá hay algo clave de la propuesta: TODO, pero absolutamente todo lo que hagamos en Arcade Paradise tiene un elemento de gamificación incluido. ¿Sacamos la basura? Tenemos que medir la fuerza con la que arrojamos la bolsa al tacho ¿Se tapo el inodoro? Usaremos una sopapa para intentar lograr golpes críticos para destapar el baño, un delirio hermoso. Ah, y obviamente que vamos a obtener plata por cada acción que llevemos a cabo. 

A esto se le suma que no sólo compramos maquinas, también vamos a poder ir expandiendo el tamaño de nuestro local e inclusive meternos en cuestiones tan meticulosas como setear la dificultad de un título en particular o inclusive aumentar los costos de la ficha (¿Deja vu a las épocas de Sacoa?) e inclusive llevar un registro de los títulos que son más populares para poder diagramar en qué lugar los colocamos, quizás decidimos ponerlo al lado de un juego que esta juntando polvo porque nadie lo usa y de esta manera ayudamos a levantar su popularidad.

Prácticamente podemos elegir qué tipo de sueño capitalista queremos vivir: fichines para todes o para unos pocos.

Pacman meets Grand Theft Auto en el Racer Chaser.

Visualmente se ve muy bien, logrando un cruce de estéticas de los años 80, 90 y 00. Obviamente que el neón dice presente y, a medida que vayamos aumentando el nivel de nuestro salón, podremos ir destrabando más accesorios para decorar el mismo.

Y por último, no podemos no mencionar la música, Arcade Paradise cuenta con un soundtrack muuuy interesante que toma ritmos y estilos muy clásicos de los años dorados de MTV (Cypress Hill, Rage Against The Machine, etc)

Sin embargo, a pesar de tener una propuesta interesante, con un desarrollo visual más que aceptable, no puede evitar caer, rápidamente para mi, en un bucle non-stop de grindeo y ahí es donde comienzan los problemas

Neon, neon everywhere.

Monotonía es mi segundo nombre

El fuerte de Arcade Paradise se esfuma rápidamente y es que es muy poco lo que realmente podemos hacer de “distinto” cada día para no sentir que estamos todo el tiempo viviendo el día de la marmota en una rutina total en donde el objetivo es grindear plata y más plata para lograr comprar el fichín más caro o la expansión final de nuestro salón. 

Si bien nos plantea una serie de desafíos que van rotando día a día y una serie de upgrades que nos ayudarán a hacer que nuestras tareas diarias no tarde tanto, no terminan de aportar mucho a la ecuación. A esto se le suma que la experiencia del simulador se siente que se apoya demasiado en la variedad de títulos que ofrecen para jugar y no tanto en la experiencia total en sí. 

Ser adulto es tener paciencia esperando a que termine el lavarropas.

Para dar un ejemplo, si bien nos cruzamos con distintos npcs que se encuentran lavando ropa o jugando a su arcade favorito, no hacen más que eso: Estar ahí parados sin hacer nada (y un poco de miedo meten, no voy a mentir), hubiese sido un plus que de repente uno pudiera entablar diálogos o conocer un poco más de cada une, quizás hacer que tengan su título favorito en particular como para aportar un poco de condimento a la experiencia.

Un tributo lindo a los fichines de antes y de ahora

Más allá del tema de la monotonía que mencionábamos, se disfruta. La propuesta sirve como homenaje a las horas y horas que uno pasaba jugando videojuegos de chico (¡y no tanto también!)

Un poco de esfuerzo, sudor y mucho pero mucho jabón en polvo lograron que tenga mi propio salón de fichines.

Claramente no estamos hablando de un título para cebarse y limarlo 6 horas seguidas, pero si estamos frente a una propuesta distinta que quizás pueda ser del agrado de aquellos que siempre tuvieron la curiosidad de experimentar manejar un salón de fichines por su propia cuenta. 


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