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Analisis

Creaks: puzzles y plataformas en un mundo gaimanesco

Amanita abandona el point and click.

Mer Peacock

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Si leíste mi nota anterior de fan desaforada de Amanita, tal vez esperabas la llegada de esta review. Si no, no me importa, ahora estás acá y podes seguir siendo víctima de mis descripciones psicodélicas.

Creaks viene a romper la tradición de point and click a la que nos tiene acostumbrados el estudio checo, para imponerse con un juego de plataformas y puzzles muy bizarro donde no sabés muy bien qué está pasando. Los cuádriceps te van a quedar como futbolista de tanto subir y bajar escaleras, y la estética te va a romper tanto el marulo que te vas a bajar (de nuevo) por Ares toda la discografía de My Chemical Romance (NdE: ¡cómo se le cayó el documento!).

Pensar que todo arranca mientras estás escribiendo en tu diario y falla la lamparita del cuarto. Te levantas, te paras debajo de la araña y descubrís el primer botón de acción, de los poquitos que tiene, que te va a acompañar por el resto de la travesía. Volvés a sentarte y cuando lo hacés, se despega el nefasto papel tapiz de la pared contraria, te paras nuevamente y lo arreglas. Cuando retornas a tu asiento, la lamparita empieza a titilar otra vez. Y así Creaks te abre la puerta a su mundo gaimanesco y te das cuenta que tu cuarto es uno de las muchísimos que vas a recorrer durante esta aventura.

Creaks

El protagonista es un joven muchachito que debe encontrar su camino a lo alto y ancho de la mansión en donde vive. Con un espíritu plataformero indiscutible, vas avanzando de habitación en habitación pasando obstáculos que atentan contra tu vida. No quiero arruinarte la emoción de descubrir qué tipo de impedimentos aparecen, pero te puedo adelantar que la luz va a ser tu gran amiga durante toda la jornada lúdica. La luz, ni más ni menos, es lo que te va a despejar el camino y brindarte herramientas para completar cada instancia.

En esta entrega de Amanita Design, el homenaje parece estar enfocado en la Pareidolia, esa sensación de percibir algo conocido en un estímulo desconocido. Recordá cuantas veces viste animales en las nubes. Las cosas no son lo que parecen. Los sonidos te acorralan, los perros se vuelven mesitas de luz que podes manipular, las medusas vuelan y, de ninguna manera, sos el único caminando en dos patas.

A medida que Creaks avanza, la interacción con los otros personajes y lo que te rodea se va volviendo cada vez más satisfactoria. Moverte por esta mansión laberíntica va a exigirte que pienses con antelación tus movimientos, qué cosas accionar, cuáles no, cuándo moverte, cuándo quedarte quieto. De alguna manera te va a hacer recordar al Limbo, eso te lo aseguro.

Creaks

El ritmo del juego es un bálsamo. Logra encontrar un balance perfecto entre mantenerte nervioso con la estética y el avance de los puzzles, pero a la vez, no te apura ni te tortura: te deja disfrutar de la experiencia, admirar los detalles y hasta pensar un poco en qué metáfora habrán escondido entre tanta luz y oscuridad. Incluso los coleccionables están pensados para ser disfrutados: pinturas ocultas que, al interactuar con ellas, ocupan toda la pantalla y te dan un show steampunk con música e historia propia. Inevitable no sonreír cuando te cruzás con una.

Creaks no te da instrucciones, no te avisa nada y te deja descubrir casi todo solo. No hay un mapa o un cartel de “CUIDADO”. Te la jugás, probás, morís y volvés a intentar. Aún así, y reconociéndome como una persona ansiosa, la nueva entrega de Amanita sabe manejar completamente la tolerancia a la frustración. Te sentís genuinamente invitado a volver a probar, no a romper el teclado. 

Como te dije antes, no estás solo en esta casa, y a medida que jugás, descubrís una historia sin diálogo que se hace entender perfectamente, personajes que parece que llevan ahí mucho más tiempo que vos y una criatura enorme que no entendés muy bien por qué acecha esta construcción venida a menos. 

En definitiva, Creaks te da una experiencia completa en aproximadamente cinco horas (o por ahí menos, si sos un genio master de la lógica, titán, mashin, campeón). La sensación de felicidad la obtenés cada vez que resolvés un puzzle, no sólo al completar el juego. La inmersión que te ofrece te deja estar a oscuras en la habitación sin tenerle miedo a las criaturas que te encontrás, y tener un aprecio y fascinación constante que te hace preguntarte: ¿cómo no se me ocurrió esto a mi?, ¿por qué no puedo tener esto de mascota?”

El juego está disponible para toda consola que te imagines: PlayStation 4, Switch, XBox One y, obviamente, Windows y Mac. No tenés excusa para no jugarlo. Ah, y del final no te voy a decir más que esto: vas a ser el vecino que todo consorcio quisiera tener.

Estudiante eterna de Psicología. Si hay gatitos de por medio, perdiste mi atención por completo. Me gusta presumir mis primeras ediciones de comics porque soy una impresentable. Antígona es divertida pero mi Edipo lo tramité para el carajo.

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