Durante los últimos The Game Awards se anunció la nueva expansión de Diablo IV, Lord of Hatred, con fecha para el 26 de abril de 2026, que dará un cierre a la saga de Mephisto, el árbol de habilidades vendrá renovado y el endgame tendrá más opciones de juego. Pero lo más importante de este nuevo lanzamiento son las dos clases nuevas que se suman a la batalla contra el infierno. Una aún no se sabe cuál será, pero la otra, como bien lo indica el título de esta nota, es el retorno del Paladin.
Diablo IV acaba de lanzar su temporada 11, en donde no solo tendremos la posibilidad de matar a Azmodan, sino que, si precompramos Lord of Hatred, podremos disfrutar del Paladin, repartir Luz a diestra y siniestra y, además, jugar la campaña de Vessel of Hatred.
La misma está incluida en caso de que no la tengamos. Así que no me quedó más remedio que calzarme la armadura divina y aventurarme a tierras desconocidas.
El Paladin es una clase histórica de la saga, muy querida por la gran mayoría de los jugadores por su estilo de combate variado. Podemos ser un tanque inamovible usando escudo y auras de protección para cuidar a nuestro equipo, como también un guerrero de la luz dispuesto a pulverizar a todo demonio que se cruce en nuestro camino.
Por suerte, este estilo de combate sigue intacto en la versión actual del personaje, y déjenme decirles que, de cierta manera, me volví a enamorar de Diablo IV. De hecho, estos últimos días fue lo único que estuve jugando, no solo porque estaba atrapado con la campaña de Vessel of Hatred, sino por lo bien que se siente nuestro personaje con el control en la mano.

En mi caso, me armé un pala que es una mezcla entre Thor y el Capitán América. Con una mano revoleo mi martillo a todos los enemigos para ganar Fe, que es el recurso principal del Paladin, y con la otra tiro mi escudo cual boomerang, que va rebotando por todos los enemigos habidos y por haber en el mapa.
Fui con esta build porque gran parte del daño es en base a la armadura del escudo y porque, al elegir uno de los cuatro “Oaths” que nos da el juego, aplico un debuff a los enemigos que, cuando pego con el escudo, lo hago explotar, generando más daño y afectando a todo lo que hay alrededor. Es una fiesta ver cómo vuelan los escudos y explota todo.
Pero lo que más estoy disfrutando del Pala es que puedo armarlo bien tanque y, aun así, hacer lindo daño. Me gusta armar personajes que se la banquen o que tengan mucha utilidad. El tema es que generalmente estos son más para jugar con alguien y, yendo solo, quizás te cuesta un toque más avanzar. Pero tener skills que aumentan tu daño en base a tu armadura, o buffs pasivos de reducción de daño, está haciendo que disfrute cada segundo que paso en Sanctuary.
Además de builds más defensivas, podemos ir repartiendo golpes a diestra y siniestra si deseamos ir con un arma de dos manos o, como bien mencioné antes, si queremos convertirnos en un ángel y caerles con toda la furia de la luz.
Por último, al igual que en las versiones anteriores, tenemos las clásicas auras que se acomodan a nuestro estilo de juego: defensivo, agresivo o “support”, ya que muchas de ellas no solo dan beneficios a nuestro personaje, sino también a quienes nos estén acompañando en nuestra party.
En conclusión, si hace rato no jugás Diablo IV y te estaba picando el bichito de los ARPG, recomiendo fuertemente que aproveches el 2×1 en expansiones. Ya que no solo vas a tener una gran historia con Vessel of Hatred, sino que jugarla con el Paladin lo hace aún más interesante.
Ahora, si ya jugaste dicha expansión y buscás un cambio de aire de las clases actuales, no lo dudes ni un segundo. Estoy seguro de que vas a disfrutar mucho la experiencia del Paladin en esta nueva temporada.

