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DOOM Eternal DOOM Eternal

Analisis

DOOM Eternal

Pandemia infernal.

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Peculiar tiempo para realizar una reseña, esta época de cuarentena merecía un juego que ocupara mi atención para agregar una opción más al cóctel del encierro obligatorio (#quedateEnCasa, piscuí). Y qué mejor que Doom Eternal, secuela del soft reboot lanzado en 2016, para saciar esa necesidad fichinera al ritmo de un metal diabólico, muertes que rozan lo ridículo y un diseño de niveles exquisito. ¿Estará a la altura de su antecesor que tan buenas críticas supo recibir? Sumergite conmigo en el inframundo, así te cuento por qué tenés que adquirirlo ya mismo sin necesidad de un ritual satánico.

Encerar y pulir ROMPER Y RASGAR

“Rip and tear, until it’s done”. Con esa frase, intraducible al castellano, arranca DOOM Eternal, tomando lugar ocho meses después de los eventos de su antecesor, donde la invasión infernal sobre la Tierra ha sido consumada, las fuerzas armadas no pudieron hacer nada y todo depende del Doomguy para repeler a las fuerzas del averno.

Instalado en una suerte de castillo/nave espacial, y acompañado por la inteligencia artificial VEGA, el Doomslayer (nosotros) se embarca en la misión de destruir a los curas infernales para así poder arruinar los planes de Khan Maykr, gobernante de la ciudad de Urdak y líder absoluta de los Maykr.

Lo interesante de esta premisa es que se da una dinámica de misiones en donde a veces vamos a “descansar” a esta fortaleza flotante, entre visita y visita a las diferentes locaciones, muy distintas unas de las otras y todas ambientadas de manera sublime. Un contraste notable con respecto a su antecesor y que, para mi gusto, diferencia en el buen sentido a esta segunda entrega.

1000 y 1 formas de matar

Si bien los escenarios son preciosos y la historia es correcta, todos sabemos a qué vinimos: disparar, disparar, ocasionalmente agarrar un coleccionable y disparar. Y déjenme decirles que DOOM Eternal hace esto de manera excelsa. Nuevamente el Doomguy se mueve más rápido que los enemigos, dando así la pauta que el movimiento es vital si queremos sobrevivir a las hordas satánicas. Nuevas habilidades como el dash y un eventual grappling hook (parte de un arma) ayudan a que nos podamos trasladar de nuevas formas, cayendo con el dash en una suerte de “plataformeo” en primera persona muy satisfactorio en líneas generales.

En cuanto a armas y progresión, el juego tiene cantidad y variedad: desde dos mods por cada arma que, además, pueden ser mejoradas, pasando por upgrades a nuestro Praetor Suit, hasta runas que optimizan varias de nuestras proezas, e incluyendo los Glory Kills.

Porque… oh si, los deliciosos Glory Kills volvieron y funcionan igual que siempre: debilitás a un enemigo -> enemigo parpadea -> enemigo muere de forma violenta y, a veces, “tonta”. Pero tonta bien eh! El tono caricaturesco de algunas de estas muertes turbo violentas encaja bárbaro con el tono del juego para recordarte de vez en cuando que no se toma muy en serio a sí mismo.

La mayor diferencia que noté respecto al DOOM de 2016 es la escasez de municiones a lo largo de los niveles. Y esto se da debido a que, entiendo yo, los desarrolladores quisieron que la motosierra y el lanzallamas formaran parte de la dinámica del combate de manera más prominente. Ya que, por ejemplo, cortar a un enemigo menor con la motosierra gasta combustible pero nos da un montón de municiones, mientras que los enemigos prendidos fuego (gracias al lanzallamas) nos dan armadura a medida que son desarmados a tiros.

Estas modificaciones hacen que la dificultad en general del juego sea mayor, pero nada que no se pueda manejar. El desafío es muy lindo de encarar y superar.

El infierno es encantador

Necesitamos que Mick Gordon haga música de más juegos, ese pibe es el bien. Desde sus días trabajando para Killer Instinct que no hace más que mejorar sus composiciones, siendo DOOM Eternal su ópera prima a mi entender. Estoy convencidísimo de que esta última etapa de la saga no sería ni la mitad de buena sin la ambientación y el frenesí que los tracks del bueno de Mick proveen. Crédito extra al doble bombo que acelera a la par de los latidos del corazón del Doomguy.

A nivel visual, el juego hace un gran trabajo a la hora de mostrar diversos paisajes y locaciones, un contrapunto interesante con el juego anterior, dado que se ambientaba más en Marte, instalaciones de laboratorios y el mismísimo infierno. En este caso ya en la primera hora del juego pasamos de una ciudad invadida por esbirros demoníacos a un planeta medieval con paisajes forestales y postales de una antigua guerra, con mechas empalando demonios y todo.

Otro aspecto visual a destacar es el diseño de los demonios, tanto de caras conocidas como el Cacodemon así como de otros nuevos, entre los cuales destaco al Doom Hunter: ¼ demonio, ¼ cyborg y ½ de tanque, una delicia.

Conclusiones

Doom Eternal es tan bueno que hace ver a Bethesda como un publisher aceptable en los tiempos que corren, y eso es un montón teniendo en cuenta Fallout 76 y sus inagotables anécdotas. Es lo que todas las secuelas deberían ser: una base sólida del juego anterior, potenciada con elementos que no rompen la premisa, sino que la mejoran sin caer en el facilismo de hacer el mismo juego otra vez.

Una obra extremadamente recomendable así como lo supo ser DOOM 2016, así que vayan y cómprenlo. Y si no jugaron ese en su momento, los envidio sanamente. Se lo compran y después van corriendo a jugar Eternal. No tienen excusas para NO salir de sus casas durante las próximas semanas.

 

9 Puntos
Lo bueno
  • Más y mejor DOOM, en todo su esplendor
  • Música
  • Variedad de locaciones
  • Muchos coleccionables
  • Lo malo
  • Los infelices que se fueron a la costa en plena cuarentena
  • Desarrollador: id Software
    Lanzamiento:  20 de marzo de 2020
    Plataformas: PlayStation 4 – Xbox One – PC – Switch (en el futuro)
    ¿En Español?: Si
    Fuente: Copia comprada

    Especialista en seguridad informática por necesidad, gamer por placer. Malísimo aceptando la derrota, de decente rendimiento futbolístico jugando abajo. El Final Fantasy Tactics original es mi norte. Lo de la foto es Gatorei’.

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