“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas”
Rodolfo Walsh
Puedo decirte que las tres batallas que cambiaron el rumbo de la Segunda Guerra Mundial fueron Stalingrado, Midway y El-Alamein. Sé que la guerra Ruso-Japonesa comenzó con el ataque a Port Arthur en 1904. Podría relatar lo que sucedió en las guerras de los Seis Días y de Yom Kippur. Pero hasta que jugué Hell Clock, no sabía nada sobre la “guerra” de Canudos, ocurrida en el norte de Brasil a fines de siglo XIX.
Hell Clock, del estudio brasilero Rogue Snail, es un roguelite con elementos de Hades, de ARPGs como Path of Exile e incluso de shooters como West of Dead. Y el protagonista es Pajeu, un soldado que combatió en Canudos y que debe internarse en las profundidades del infierno para revivir los eventos que sucedieron en esa batalla.
Si tu intención es decidir si lo querés comprar o no, la verdad es que si te gustan las inspiraciones que mencioné no veo motivo para que no lo hagas. Visualmente es hermoso, la actuación de voz en portugués suma mucho a la atmósfera, los controles son buenos, y los sistemas de progresión son profundos. Escribiría sobre la trama pero mientras tipeo esto, tras más de 10 horas de juego, no terminé el Acto I de Hell Clock, así que no me animo a dar un veredicto.
Lo que sí puedo decir es que me hizo leer un poco sobre el conflicto que le sirve de trasfondo (NdE: y la verdad que eso es un montón).

Es el norte de Brasil en la última década del siglo XIX. El Imperio ha caído y la república Brasileña vive sus primeros y efervescentes años. Pero mientras las elites costeras están en plena euforia democrática, para los postergados no parece haber cambiado gran cosa. En particular, para la gran masa de ex-esclavos libertos, cuyas condiciones materiales no son mucho mejores que las que gozaban antes.
En este contexto, en el sertao (región árida del norte de Brasil), hay un despertar espiritual. Uno de sus mayores exponentes es Antonio Conselheiro, un predicador carismático y autoproclamado profeta, que rápidamente consigue una masa de seguidores. Entre otras creencias, Conselheiro apoya el Sebastianismo, una variante del mito del Rey Bajo la Montaña, que proclamaba la vuelta gloriosa del rey portugués Sebastián (quien a esa altura llevaba muerto unos tres siglos y medio).

En 1893 Conselheiro y sus seguidores se asientan en Canudos, cerca del pueblo de Monte Santo. El nuevo poblado rápidamente crece hasta convertirse en el segundo mayor centro poblacional del estado de Bahía, tras la capital, Salvador. Eso despierta tensiones con el gobierno, que consideraba a Conselheiro un agitador monarquista.
Tras una fallida compra de madera para construcción en el poblado de Juazeiro, se inicia el conflicto armado: a lo largo de 1896 y 1897 cuatro incursiones del gobierno federal, progresivamente más poderosas, asaltan el poblado. La última concluye con la destrucción total del pueblo tras un asedio feroz que mató de hambre a buena parte de su población.
El resultado fue la destrucción total de Canudos, incluyendo la ejecución de todos aquellos que se habían rendido.

Hell Clock no retrata esta guerra desde el momento de los hechos, sino desde la memoria. Pajeu es un desertor del ejército, forzado a descender al infierno una y otra vez para reconstruir los hechos de la invasión. Y a lo largo del juego irá descubriendo distintos personajes de la historia.
El primer boss, por ejemplo, es el Mercader que no entregó a Canudos su madera (derrotarlo habilita uno de los principales mecanismos de metaprogresión).

Hay algo en el formato roguelike que parece aplicarse bastante bien al relato histórico latinoamericano. En obras como Las Venas Abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, hay una visión de la historia de nuestra región como una sucesión de derrotas trágicas, empezando con la conquista europea y llegando hasta el siglo XX y sus dictaduras.
Y hoy podriamos seguir agregando páginas a ese libro. ¿No es un poco lo que pasa en un roguelike? En mis primeras 13 horas de Hell Clock ya perdí 39 veces… y creo que recién estoy cerca de terminar el primer acto del juego.

Incluso más que la generación procedural de contenido y sus mecánicas básicas, un roguelite moderno vive o muere por sus sistemas de metaprogresión. Es tan válido para Dead Cells, Hades o Vampire Survivors como para Hell Clock: es lo que hace que cada run se sienta importante, aún si perdemos.
El juego que nos ocupa tiene, como corresponde, varios sistemas superpuestos para avanzar a nuestro personaje entre runs. Podemos desbloquear movimientos, mejorar nuestras habilidades básicas, equipar nuevas “reliquias” con bonus, o desbloquear mejoras en un árbol de bonificadores. Lo interesante es que en este último mecanismo, la Gran Campana, el término usado sea “Nivel de Remembranza”.
Y no es sólo Pajeu recuperando su propio recuerdo de la guerra, también somos nosotros recordando la historia de Canudos.

Porque sí, la clave para romper el ciclo de la derrota es la memoria. Vuelvo a la cita de Rodolfo Walsh con la que empecé este texto: «las elites latinoamericanas han buscado sistemáticamente borrar la historia, la memoria colectiva». Y si bien parece que estamos atrapados en un purgatorio eterno de derrotas y tragedias, nuestra esperanza es, en cada partida, sumar nuevos cristales de memoria. Y algún día tal vez ese ciclo termine rompiéndose.
Hell Clock logra así algo que muy pocos alcanzan: no sólo narra con el texto superficial (la trama, los diálogos, el arte) sino con las mecánicas y la estructura. Es una forma de narrar mucho más sutil y difícil, pero también mucho más satisfactoria. Es algo que sólo podés hacer en un videojuego. No existe una película o una novela en formato roguelike, esta es una experiencia que sólo podés transmitir en este medio.
Pajeú descends.
The clock counts.
Hell consumes. 💀
Each step could be your last.
Will you take the challenge?#HellClock | #IndieGame | #Roguelike | #ARPG pic.twitter.com/UXEVal6Inp— Hell Clock: a Roguelike – Exilelike! (@HellClockGame) July 8, 2025
Hell Clock está disponible en Steam desde el 22 de julio y no exige demasiado a nivel hardware (puede correr incluso en modo silencioso en mi ROG Ally). Y aún si no es el mejor roguelike que haya jugado (la vara está altísima), creo que ninguno me hizo pensar como este. Recomiendo.

