Imaginate que morís. Te morís y aparecés en uno de los círculos del infierno. Es siempre de noche, y hay una luna brillante que no te deja dormir. Y te cagás de embole. Darías cualquier cosa por tener algo divertido para hacer. Darías tu alma por una tabla de skate para dar vueltas por ahí. Gracias a Dios, está el diablo ahí presente, rápido y eficiente, para hacer un contrato y ofrecerte una tabla hermosa por un módico precio…

Skate Story es como si Dante Alighieri fuese un millennial que creció jugando Tony Hawk Pro Skater y usando Windows 95. (¿Será que Sam Eng, el desarrollador, es una reencarnación del Dante?).
En esta especie de Divina Comedia synthwave, vamos a recorrer los distintos estadíos del inframundo con nuestro skate, para cumplir un trato con el diablo y recuperar el control de nuestra alma. Andando en skate, claro.
La cosa con el trato con el diablo es que a cambio de la tabla de skate, nos convertimos en un demonio hecho de vidrio y dolor, (lo que significa que nos vamos a romper en mil pedazos cada vez que nos caigamos haciendo un truco) y tenemos por contrato que hacer algo con esas molestas lunas que no dejan dormir. Comérnoslas, por ejemplo. A todas las lunas, ya que hay una en cada segmento del inframundo. Sí, así, nos la comemos. Om nom nom. Y cada luna tiene un sabor diferente.

Y sí, ya les voy a hablar de patinetas, pero realmente lo que hace que quiera jugar Skate Story y no un Tony Hawk es esa historia increíble que se va desarrollando capítulo a capítulo, charlando con NPCs, conociendo almas en pena, aprendiendo trucos, y cumpliendo los diversos mandados que nos encarga el Diablo, ahora que nos volvimos su che-pibe personal.
Quizás el título no es al azar, y se llama Skate Story porque la historia es realmente importante. Es más un juego de aventuras que de deportes. Tiene mucho humor, muchos detalles graciosos, irónicos y poéticos. Tanto en los paralelismos en la burocracia del mundo de los vivos, como en la melancolía de algunos fantasmas. Y en los poemas que podemos encontrar como panfletos en los niveles, y los que podremos leer al final de cada capítulo.

La ambientación es, de nuevo, rarísima y hermosa. Oscura pero sin ser opresiva, es como una versión de sueños y polígonos de Nueva York, o por lo menos lo que el imaginario colectivo asocia con Nueva York.
Sin embargo, Skate Story logra crear una atmósfera muy “skater” y “urbana” sin caer en los estereotipos de los grafitis, los skateparks y el rap. Lo que me lleva a comentar que la música (excelente, por cierto) hecha por la banda Blood Cultures, está más cerca del pop electrónico de Sayounara Wild Hearts que del punk, ska o hip-hop que uno asocia con el deporte.
Hay momentos en donde tenemos que atravesar varias partes hacia adelante, en algo más cercano a un juego de carreras que de skate, para transportarnos de un lugar al otro, y en esos tramos la musicalización lo es todo. Es casi como jugar un videoclip. Fluís con el ritmo y de pronto esa carrera es casi un juego de ritmo. Gran mezcla de géneros y estéticas que confluyen en un gameplay que te deja en estado de trance.

Ah, sí, y andás en skate.
Siento que la forma de encararlo es interesante, porque aunque está en el título, no es un juego sobre hacer trucos con el skate. Es algo más intrínseco. No es que estás ahí para ganar un torneo, estás yendo de un lado al otro, peleando con demonios, comiéndote lunas, persiguiendo a los pantalones del diablo que se escaparon cuando los estabas lavando porque no se dejaron colgar en la soga.
El skate no es el foco, es el medio. Para alguien que practica una habilidad, ésta se vuelve parte de sí mismo, y de la forma que entiende el mundo. Alguien que patina empieza a ver cada superficie como apta o no para ser patinada. Y así es como se presenta Skate Story. El punto no es hacer trucos porque sí, sino que el skate es la forma que tiene el protagonista de relacionarse con el mundo e interactuar con él. Creo que es una diferencia sutil, pero que genera una experiencia completamente diferente a la de otros juegos de deportes.
Dicho esto, la sensación al moverse está muy bien lograda. La forma en que el personaje puede perder estabilidad al doblar demasiado (porque hay que inclinarse para doblar) es muy realista. No puedo hablar sobre los demás trucos porque siempre fui muy mala andando (sí, obviamente me compré un skate a los 10 años porque estaba obsesionada con el THPS 2) pero se siente cómodo y divertido de jugar, sin dudas.
Skate Story, de Sam Eng y publicado por Devolver Digital, ya está disponible en Steam, PS5 y Switch 2 desde hoy 8 de diciembre. Está localizado al castellano y dura entre seis y ocho horas. Parte aventura, parte historia, parte skate, parte runner. Todo vibes.
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Como no puedo no dejarles bibliografía de tarea, antes de escribir esto releí el artículo de mi amigo Mut/Moochi, (que irónicamente cita un blog que co-escribo yo), sobre juegos de skate. Es el primer texto de este fanzine. Como dato curioso, un viejo demo de Skate Story fue uno de los disparadores para que Moochi se pusiera a pensar en los juegos de skate, ya que no sólo se conocen sino que Sam Eng fue quien le enseñó a hacer un Ollie en la vida real. Sí, el mundo es un pañuelo.


Datazo al final.