El pasado 7 de noviembre, Jules Wineheart, un músico de Río Gallegos, publicó su último EP: Bloodmoon, un álbum chiptune conceptual que relata una historia oscura, melancólica y eufórica a través de armonías temperamentales y un paisaje sonoro envolvente.
La etapa actual de la historia del artista comienza en 2013, cuando vivía en Berlín. Mientras tocaba la guitarra y cantaba en su banda de indie rock, Judas and the Winehearts, decidió crear un proyecto solista para explorar composiciones de folk, lo-fi pop, tango y electrónica, y jugar con sintetizadores. Así nació Jules Wineheart desde Julian Barabino, y en 2022 nació la idea de Bloodmoon desde las jams de videojuegos y de composición de bandas sonoras para videojuegos imaginarios.
Para quienes prefieren adentrarse en la intención de los creadores, la descripción del álbum ofrece una sinopsis de lo que nos encontraríamos en este juego de terror: “Bloodmoon acompaña el colapso mental de Beth durante una noche de Luna de Sangre, símbolo de transformación y caos interior. Beth vivía una vida tranquila junto a su padre, hasta que su percepción comienza a distorsionarse. Las voces crecen, la realidad se fragmenta y la confianza desaparece. En medio del delirio, confunde a su padre con una amenaza, desatando un trágico final y su caída definitiva en la locura”.
Jules compuso las seis canciones del álbum acompañado de la colaboración narrativa del artista platense Digital Coffin, programó los instrumentos virtuales de 8-bit, y terminó la mezcla y masterización entre junio y octubre de 2025.
En una publicación de Instagram que anunció el lanzamiento del EP, Jules cuenta que se inspiró en las placas de sonido de la NES, la SNES y otras consolas retro como Sega Genesis o Atari 2600, por el factor nostálgico y las ventajas que las limitaciones proveen a la hora de componer o experimentar.

“Si bien en lo musical es un disco que hace mucho tenía ganas de hacer, también me motivaba el hecho de entregarme al ejercicio de asumir cada etapa de su realización. Dejar tiempo entre procesos fue una regla fundamental”, dijo el músico.
El resultado es una experiencia que, en sus 12 minutos de duración, abarca un desarrollo emocional usualmente plasmado en varias horas de lectura, cinematografía o gameplay, o en varios años de vida.
Breves comentarios track por track
“Before the Bloodmoon Rises” [“Antes de que salga la Luna de Sangre”] es el prólogo de un viaje, una aventura, que nos desconcierta de entrada: un conteo típico de un juego de carreras aumenta la anticipación, para luego explotar en una melodía optimista, más un toque místico que vaticina el declive.
“Start (The Point of No Return)” [“Comienzo (El punto sin retorno)”] introduce una percusión que alterna entre la saturación del 8-bit y el clásico sonido de batería electrónica que sonaba en la radio en los 80, un bajo funky que se anima a jugar, acordes amplios y melodías climáticas. Es un nuevo giro sobre una estructura que remite a la selección de personajes o niveles, los mapas, los textos largos al principio de juegos sin texto.
“Don’t Look Back Beth” [“No mires atrás, Beth”] es oscura, dominada por el bajo y la batería. Hay sonidos que parecen voces espectrales, notas pedales octavadas y una sensación de madurez prematura, de desafíos que dejan entrever lo “gritty” que se esconde en los RPGs más alegres.
Mientras que la primera mitad del álbum termina cada canción cuando no hay más que decir, la segunda mitad ralentiza el tempo y deja que las últimas notas de cada tema se sostengan un poco más y se desvanezcan sin apuro.
“Something is Very Wrong” [“Algo está muy mal”] incorpora bends de guitarra eléctrica, algo ligeramente fuera de lugar en las bandas sonoras tradicionales y que contrasta, en especial, con los glissandos de canciones anteriores, más evocativos de la rueda de inflexión de tono en un teclado.
“Daddy is Dead” [“Papi está muerto”] hace un gran uso de arpegios, ese limbo entre melodía y acorde, que se aceleran como si lo hiciera un latido, algo que puede pasar al escuchar los cambios de nota disonantes, ya ni de teclado ni de guitarra, la representación sónica de un “bad ending”.
“Vaporwave Dreams” [“Sueños vaporwave”] refuerza esa idea con muchas sorpresas: modulaciones, partes repetitivas, silencios, disonancias, un doble final… Parece que todo volvió a la normalidad, pero algo “quedó mal”; nuestra protagonista está cambiada. Es la canción perfecta para acompañar esos créditos que tienen algo raro, que sostienen tu atención hasta el final, o hasta la próxima partida.
Bloodmoon ya está disponible para experimentarse en Bandcamp, YouTube Music, Apple Music y Spotify. También podés escuchar el segundo track en SoundCloud y seguir a Jules Wineheart en Instagram para estar al tanto de sus próximos proyectos.

