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Cómo Call of Duty: Warzone salvó mi cuarentena

Reemplazamos los asados por tiros, pero seguimos juntos.

Javier Figueyra

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Revisando en que invertí mi tiempo en este periodo de aislamiento social preventivo y obligatorio, encontré que el juego al que más tiempo le dediqué (y por mucho) fue el Call of Duty: Warzone.

No sé si les habrá pasado, pero durante el inicio de la cuarentena lo primero que hicimos con mis amigos fue buscar título que pudiéramos jugar entre todos. El primer escollo que tuvimos que enfrentar fueron las diferencias de hardware que tenemos entre nosotros. Siendo un grupo bastante heterogéneo, tenemos desde PC master racers hasta fans de Nintendo, pasando por fundamentalistas de la Xbox y amantes de PlayStation.

Dentro de nuestras bibliotecas no había mucho que podamos jugar hasta la salida de Call of Duty: Warzone. Esta nueva edición de la aclamada saga trae como gran diferencial un modo crossplay gratuito al mejor estilo battle royale.

Warzone

Nuestro primer miedo fue caer en la trampa de los “Pay to win”. Nuestro pensamiento fue: “es gratis, pero seguro que si quieres ser competitivo vas a tener que pagar algo”. Afortunadamente este prejuicio fue rápidamente desarticulado. Las armas TOP TIER son fácilmente conseguibles e, incluso, durante el juego vamos a poder encontrar muchas y muy buenas opciones por lo que, en principio, para lo único que hay que pagar es para tener mejores skins o subir más rápido en el battle pass.

El modo Warzone, además de ser entretenido, se convirtió en una fija de todos los días por la noche en donde además de disparar algunos tiros y divertirnos un rato, encontramos una excusa para hablar y ponernos al día. 

Del Pay to Win al pagar porque “lo merecen”

Luego de unas cuantas horas todos decidimos comprarlo para probar los otros modos pagos. La campaña es una película de Hollywood interactiva. La calidad gráfica, las texturas, la música, todo está perfectamente ejecutado y diseñado. Aunque mi critica más fuerte apunta a la utilización de golpes bajos para contar la historia. 

Un ejemplo es la misión en la que nos colocamos en la piel de una niña en un país del medio oriente. Con ella vivimos el asesinato de su padre y su transformación en una niña asesina. La efectividad de este tipo de recursos es más que cuestionable, ya que no solo no generan empatía ni aportan a la historia, si no que más bien generan rechazo en el jugador. Más allá de esto, la campaña es algo insípida y lo más rescatable es su calidad audiovisual.

Por otro lado, tenemos el multiplayer, que rescata y lleva la esencia del COD a un nivel superior. Apalancado por el marco visual, volvemos a jugar los ya conocidos y queridos modos de: team death match, hardpoint, domination, ground war, etc. La fórmula es básica y efectiva. Un FPS rápido, violento y entretenido que mantiene sus modos en constante actualización para tener al jugador enganchado. 

Como salvar una cuarentena

Cinco temporadas y muchas horas invertidas después, lo que más rescato del lanzamiento es el crossplay y el espacio que terminamos creando con mis amigos alrededor del juego. Está claro que no se pueden remplazar los asados con zooms ni las salidas con llamadas, pero en estos tiempos de distanciamiento social creo que es importantísimo mantener el contacto con nuestras amistades, adaptarnos a la nueva normalidad y utilizar todos los recursos disponibles para transitar esta etapa lo mejor posible.

Escritor desde siempre, periodista desde algunos años. Javier Figueyra es un ingeniero químico apasionado por el mundo de los videojuegos y el café.

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