fbpx
29.9 C
Buenos Aires
martes, octubre 26, 2021

Cyberpunk: Entre neón y molotovs

Mer Peacock

Redactora

Estudiante eterna de Psicología. Si hay gatitos de por medio, perdiste mi atención por completo. Me gusta presumir mis primeras ediciones de comics porque soy una impresentable. Antígona es divertida pero mi Edipo lo tramité para el carajo.

Más notas del autor/a

Desde el reciente lanzamiento de Cyberpunk 2077 los medios de comunicación explotan con imágenes, reseñas y análisis sobre el juego. Pero independientemente de lo que trae una entrega de esta naturaleza ¿Conocemos de donde viene? ¿Cuál es el origen estético e ideológico del que proviene esta obra?

Esperá que te pongo en contexto

Luego de la Segunda Guerra Mundial, el uso de la tecnología se volvió moneda corriente en la vida cotidiana, y es por eso que los últimos años de los ‘60 y principios de los ‘70 se cargan al hombro la aparición de un nuevo género de Ciencia Ficción de la mano de escritores como Phillip K. Dick: el proto-cyberpunk. Mundos distópicos tecnológicos, postapocalípticos, con una economía explotadora y alienante.

Para en el ‘75 sale The Shockwave Rider, una novela icónica que se jacta de ser una de las primeras en poner en el podio al género y que se lleva galardones increíbles como el de acuñar el término “worm” (gusano) para hablar de un software malicioso que se infiltra en redes ajenas.

cyberpunk

En el ‘83 una micro-ficción llamada “Cyberpunk” sale en una revista dedicada a la Ciencia Ficción. Poco sabía Bethke que se iba a transformar en un ícono estético, cultural y referente en el género. Pero en el ‘84 se imprime, con una fuerte influencia de Blade Runner, la obra definitiva: Neuromancer, de William Gibson. No solamente estamos hablando de una novela que popularizó el término “ciberespacio”, sino la primera en marcar un antes y un después en un género que terminaría re-definiendo qué esperamos del futuro y qué esperanzas ponemos en juego.

En el ‘88 dos obras de arte indiscutibles: la película hiperfuturística Akira y la aventura gráfica Snatcher, con tintes estéticos muy similares a los de Kanomi. Pero no quiero hacerles una línea de tiempo, porque encima hay miles de obras para mencionar, sino que quiero compartirles un poco más de este sub-género que, sin duda, es mi favorito.

Ponele definición que me sube la ansiedarks

Tratar de definir un género que atraviesa tantos tipos de arte es muy difícil, pero vamos a probar haciendo la gran RAE y diseccionando la palabra.

Cyberpunk

Por un lado, “cyber”, una palabra altamente asociada a la tecnología en todas sus formas: computación, biotecnología, nanotecnología, etc. Por otro lado “punk”, conmemora una era llena de anti-héroes, renegados, visionarios e individuos de pensamientos disidentes. Porque la joda es esta: no hay cyberpunk sin rebelión, no hay cyberpunk sin cuestionar los mandatos de los de arriba. Se posiciona, de alguna manera, como una dicotomía: “High tech, low life” (algo así como “Alta tecnología, mala calidad de vida”).

Sin embargo, es acá donde nos ponemos un poco meta. La subversión que plantea este género no es solamente el de actuar activamente en contra de aquellas autoridades que creemos incorrectas, sino el de subvertirse contra el género en sí mismo: el de la Ciencia Ficción. Gibson lo dijo muy bien: “El futuro ya está acá, sólo que no está distribuido de manera equitativa”.

Religión, Política, Fútbol… Y Cyberpunk

Queda claro que el género Cyberpunk no viene solamente a plantear un modo canchero de ser casi-hacker y verse bien, bien piola, sino que viene a instaurar un debate político-económico en la narrativa de cada uno de sus protagonistas, que suelen ser personas de bajos recursos, criminales por obligación y azotados por una élite corporativa que parece reírse de que alguna vez existió algo llamado “democracia”.

cyberpunk

Todas las historias que tienen este setting están de acuerdo con algo: la clase baja tiene acceso a la tecnología, sí, pero nunca pueden beneficiarse de ella. La disparidad crece, no se achica. “Todo lo que se le puede hacer a una rata, se le puede hacer a un ser humano”, predica Bruce Sterling, y el Cyberpunk se encarga de demostrar esta cruda realidad vestida de neones y ropa táctica.

Este concepto importantísimo es lo que, a mi parecer, le da aún más fuerza al género. Cyberpunk es el Santa Fe y Callao del avance tecnológico: algunos pocos tienen… Y los otros se las arreglan con manualidades, raspando el fondo de los contenedores de basura y sufriendo las consecuencias de agarrarse un malware (o por qué no, enfermedades y desnutrición).

Bueno pero hablame de algo lindo Mer, me deprimiste

No me llores, che, te la levanto un poco contándote algo de la estética del Cyberpunk. Lo primero que te puedo decir es que si fuiste gótico en un pasado (o lo seguís siendo, dale, contame de las veces que fuiste a Requiem), venís bien encaminado. La moda tiene un tinte oscuro y futurista. A todos esos tapados largos, cadenas y miles de bolsillos en el pantalón sólo tenés que agregarle un par de gadgets tecnológicos, un brazo medio robótico y ya vas bien encaminado. Y si tira chispitas cada tanto porque falla, mejor.

cyberpunk

Las arquitecturas son duras, las luces de neón de las publicidades estallan todas las superficies planas y ese es el único color que podemos apreciar, reflejado en lo gris del resto de las construcciones (poniéndose en contrapartida con el Solarpunk, una visión un poco más alegre del futuro que nos espera, super ecologista, anti-capitalista y de alto cooperativismo). La distopía futurista se caracteriza por anticiparse de manera negativa a todas esas cosas que vemos con ojitos brillosos. Si los autos vuelan, seguro a vos te falle, si los restaurantes tienen meseros robóticos, seguro te tira el café hirviendo en la entrepierna, y si los contadores y abogados son virtuales, seguro te cagan.

Entonces, ¿qué es el Cyberpunk?

Es el ahora. Yo sé que suena raro decir esto cuando uno tiene tan asociado el género al futuro, pero eso es lo bello del Cyberpunk, que desde los años ‘60 se viene especulando con el siglo XXI y que ahora, tal vez con menos globos oculares cibernéticos, nos enfrentamos a esa distopía que nos proponían Dick o Gibson en su época.

Los injertos tecnológicos prostéticos, interfaces en las computadoras que tienen poco que envidiarle a nuestras conexiones neuronales, corporaciones que dominan cada vez más la política y una tentación inminente a la subversión. Los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. El ciberespacio tomando riendas de nuestras vidas desde las redes sociales, los teléfonos y la realidad virtual. Es por estos planteos difíciles y otros más que este subgénero es mucho más que eso: es subcultura.

Pero ya está acá, así que, bienvenidos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Últimas notas