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High Score: ¿buen documental o plagio pretencioso?

Lo bueno y lo malo de la serie que podría haber sido The Games that Made Us pero no le da el piné.

Santiago Figueroa - Morton

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¿Qué resultaría de analizar la historia del videojuego desde un punto de vista norteamericacentrista? ¿Qué surge de poner el foco en la industria de entretenimiento interactivo sólo como enriquecedora de bolsillos? Y si todo eso lo sacudimos en una coctelera marca Netflix ¿obtenemos un mal trago para quienes amamos los fichines? La respuesta no te sorprenderá.

Si sos una persona notoriamente aficionada a los videojuegos hay grandes chances de que a esta altura te hayas dado cuenta (o que algún amigo, hermana, tío o prima te haya avisado) que en Netflix subieron un documental llamado High ScoreLa primera impresión que los avances dan del mismo es “bonito, pero superficial” y déjenme adelantarles que sí, es así, pero a la vez eeeeh no. No es sólo eso, sino que por momentos oscila entre algo un poco mejor, y algo mucho peor.

El formato de High Score, muy particular para un documental, les va a parecer bastante familiar a quienes hayan visto la serie The Toys That Made Us, producción de The Nacelle Company. Y uso la palabra “familiar” porque decir “robo descarado” es un poco fuerte. 

Sin embargo, no es todo tan sencillo: agarren lápiz y papel para lo que viene. 

High Score

Confesado está por los creadores de High Score que la serie sobre juguetes los inspiró a contactarse con Netflix, pero pocos saben que Great Big Story (sí, así se llama la productora) viene sentando precedentes en el rubro desde 2015, año en el que crearon su canal de Youtube y empezaron a contar pequeñas historias peculiares, con una estética más abstracta de la que uno espera en un documental.

En 2017 grabaron 8 Bit Legacy: The Curious History of Video Games, serie de episodios breves en la que exploraron varias temáticas referidas a la historia de los videojuegos, llegando a entrevistar al propio Shigeru Miyamoto, aunque también se concentraron en curiosidades como la leyenda de Polybius o el origen del primer juego de acción real en Laserdisc.

A fines de ese mismo año, The Toys that Made Us debutó en la plataforma de streaming. La serie, que en cada episodio explora una línea de juguetes, su historia y su influencia, fue un éxito y se aseguró dos temporadas más. Cebado por este éxito, Volk-Weiss, su productor, puso sobre la mesa de Reed Hastings dos ideas nuevas: The Games that Made Us, que era igual pero con videojuegos y juegos de rol (a la que más amor él le tenía); o The Movies that Made Us, que era igual pero con pelis (a la que no le tenía mucha fe). Se sorprendió cuando Netflix eligió la segunda.

Tiempo después, luego de haber visto la producción jugueteril de The Nacelle Company y quedar encantados, Great Big Story golpeó la puerta del gigante del streaming, ignorando el pitch fallido precedente, al nervioso saludo de: “Hola, tenemos esto llamado 8 Bit Legacy, y queremos convertirlo en el The Toys that Made Us de jueguitos”. Netflix, curioso por escuchar dos veces la misma idea, decidió aceptar la propuesta esta vez, pero sólo si le daban una vuelta de tuerca. 

High Score

“La gran diferencia, sugerida por la plataforma misma, es que High Score no concentra sus episodios en un sólo videojuego o saga en particular, sino que en cada uno elige una temática y engloba allí varias historias de origen”. Por ejemplo, el primer episodio lo “enfoca” en Space Invaders y sus torneos, Pac-Man, arcades modificados, Atari, los cartuchos, el infame fichín de E.T. y la crisis de 1983. ¿Algo más?

Para unificar estos temas, crea una narrativa que los conecta de una forma débil, saltando de una historia a la otra de forma más molesta que intrigante. Tampoco parece saber bien a qué público apuntar, siendo por momentos algo seguro de ver en familia pero por otros, mostrando imágenes de violencia gráfica y cabezas explosivas.

Otro problema para quienes lo ven con la esperanza de un recuento por la historia internacional de la industria es que High Score elige el país actualmente gobernado por Trump como epicentro de todas las tramas, incluso convirtiendo todo el material relacionado a Japón como meros antecedentes que luego culminan en algún aspecto norteamericano. La historia de Space Invaders (japonés) funciona de disparador para el torneo de Space Invaders (norteamericano). La historia de Nintendo funciona como contraste para hablar de la estrategia americana para vender sus consolas, explicar la estrategia americana de SEGA para hacerles frente, repasar los torneos disputados en USA por ambos y hasta glorificar los call-center explotadores de ayuda telefónica al jugador.

Ni hablar de la omisión total tanto de Tennis for Two como del genio figura maaaestro alemán Ralph H. Baer, la ínfima mención casi que de compromiso de Spacewar!, el exagerado enaltecimiento de Nolan Bushnell por haberle puesto una ranura de monedas a los fichines, el desvío del episodio sobre juegos de pelea para ponerse a hablar de Night Trap… uf, corto acá porque me sube la presión.

High Score

Respiremos hondo. Esperen, no piensen lo peor. Hay cosas buenas también en High Score que ameritan su visionado. De hecho, el problema en general no es con el material, sino la forma en que está yuxtapuesto. 

Hay rostros entrañables como los de John Romero, o la pareja de Roberta y Ken Williams. Paisajes deslumbrantes tanto del país nipón como del americano. Un esfuerzo apreciable por dar visibilidad a nombres olvidados en el tiempo, como Jerry Lawson, el creador del sistema de cartuchos. Información valiosa para el grupo LGBT+, como el primer (bah, el segundo) juego temático de la comunidad y la reciente recuperación de sus archivos originales. 

La producción audiovisual se luce: los segmentos pixel-art son exquisitos, mientras que los momentos que buscan plasmar el espacio mental de las personas entrevistadas, a veces intercalando elementos visuales del fichín, están bien unificados. Charles Martinet (la voz de Mario) hace un gran trabajo como narrador, incluso con los textos básicos que a veces le hacen leer.

Pero vayan con pie de plomo. Al final de cuentas, es un documental que sólo rasca la superficie. Estoy seguro que van a terminar aprendiendo un dato o dos que antes ignoraban, pero tampoco esperen encontrarse con una exploración de los aspectos negativos de la industria, ni una visión global, porque no es eso. Caramba, ni siquiera llega a ser The Games that Made Us.

Santiago Figueroa, alias Morton, fue JdR de [IRROMPIBLES] y es amigo de la casa. Realiza, diseña, edita, produce, programa, narra, transmedia y gamifica, pero sobre todo se queja. Síganlo en Twitter.

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