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Indies-Pensables

Luna, más allá de una fábula ecológica

Los vínculos más fuertes surgen de la falta.

Mer Grazzini

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Bienvenidos a IndiesPensables, el espacio que encontramos para darle visibilidad a videojuegos cortos e independientes. A veces gratuitos y a veces no, pero siempre relevantes.

El mes pasado no hubo columna, porque hubo otras cosas del mundo indie para cubrir. La expo virtual de Game On, el lanzamiento de Evan’s Remains, el bundle histórico de Itchio, entre otras. Y ese bundle que nos dió 1741 juegos independientes que seguramente me van a dar de qué hablar durante semanas. Empezando por esta. 

A Luna lo conocí hace varios años, en la edición de 2017 de Game On, justamente. En ese momento me cautivó, y es de las cosas que más vívidamente recuerdo de esa expo. Sin embargo, la experiencia ahora fue muy diferente, no sólo porque aquella vez lo jugué en VR y hoy desde el monitor de una modesta laptop, sino porque la versión actual incluye un narrador, y eso cambia completamente la esencia del juego. 

Luna nos presenta un mundo entre el origami y la pintura 3D, absolutamente bello a la vista y a los oídos, y  con dos mecánicas diferenciadas que vamos a usar en los dos modos que nos propone. Por un lado, tenemos que reordenar estrellas, “desenredando” constelaciones donde cada lucero está conectado a otro por una línea de luz que, al tensarla, funciona como una cuerda de guitarra. Poesía pura. Logrando vislumbrar las formas que nos sugiere cada constelación, desbloqueamos ciertas plantas que serán las herramientas del segundo escenario interactivo. Un terrario al que podremos poblar de plantas, alterando el color, la forma y el tamaño de cada una, y al hacerlo, le daremos vida al escenario y despertaremos al animalito que vive allí. 

Cuando lo jugué distraídamente en Game On, el juego me pareció una fábula ecológica muy bonita. Hablaba sobre la reforestación y el cuidado de la naturaleza. Pero el narrador le añade un condimento extra, más íntimo y emocional. Ahora hay una historia que no sólo habla de restaurar ambientes, sino de repararnos a nosotros mismos

El pájaro protagonista se siente solo, y viene un búho a darle un consejo, un mal consejo. “Tragate el pedacito que le queda a la luna menguante. Si le robás su luz, vas a poder llenar el vacío adentro tuyo”. Pero el pajarito se pierde a sí mismo en el proceso, y sólo es capaz de reencontrarse cantando junto con otros animales que descubre que están en la misma situación que él. Cada animal tuvo sus razones para querer robar la luz, y pasan por el duelo de la manera que pueden. Unos están deprimidos, otros enojados. Pero al cantar con el pajarito, se sienten menos solos en su dolor.  

“Los vínculos más fuertes surgen de la falta” dice la psicología, porque sólo desde la vulnerabilidad puede nacer la intimidad. Piensen en cuántas amistades suyas se fortalecieron cuando algún amigue vino en auxilio en un momento de necesidad. Cómo se sintieron contenidos cuando alguien les dijo “te entiendo, yo también me siento/ he sentido así”. Y cómo ese dolor se puede procesar aprendiendo cosas nuevas, haciendo arte, expresándose con otros, dejando salir las cosas. 

Hay un detalle que me parece divertido, que es que en algunos países de Latinoamérica, Argentina incluída, existe la palabra “alunarse” para cuando alguien está de mal humor. Cuando llegué al oso, lleno de bronca y frustración, con su cuerpo brillante por haberse comido la luna, enseguida dije “claro, pobre, ¡está alunado!”. 

Una experiencia divertida y relajante, llena de frases de contención emocional, que no sólo cuentan la historia, sino que le dan una perspectiva metafórica a las mecánicas que se van añadiendo en cada nuevo puzzle. “A veces hay que mirar los problemas desde otra perspectiva para desenredarlos”. “Cuando las cosas se vuelven oscuras, hay que aferrarse y creer”. Son frases de aliento, pero también son explicaciones textuales de cómo resolver el nivel. Y eso me parece maravilloso. 

Luna es un viaje de aproximadamente una hora, pero cuya belleza reside en el espacio de creatividad que nos brinda, esa suerte de videojuguete que es cada terrario, para jugar y customizar cada planta, y remover cada rama seca hasta dejarlo como más nos guste. Lo pueden comprar en Steam, o si compraron el bundle de Itchio, ir a buscarlo ahí. Que lo disfruten.

Corresponsal desde Rosario. Mer divide su tiempo entre luchar contra su tesis de licenciada en Bellas Artes, componer canciones y hacer jueguitos. Sus brownies son reconocidos en varias provincias.

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