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La guerra de los shoot ‘em ups

La evolución de la disputa entre humanidad y extraterrestres a través de los videojuegos.

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Hace décadas, el planeta Tierra se embarcó en una guerra que al día de hoy continúa: la guerra contra los marcianos. Poderosos enemigos que atacan en oleadas. El primer registro que tenemos sobre este enfrentamiento es el del Space Invaders, presentado a dos años del final de la década del 70, por Taito. Un combate simple y efectivo donde había que aniquilar las naves que descendían lentamente antes de que alcanzaran el tanque que comandaban los humanos.

Derrotados, los extraterrestres aprendieron dos poderosas lecciones. Primero que los ataques no tienen que ser predecibles, o se corre el riesgo de ser aniquilados. Y segundo, el combate debe realizarse en el espacio.

El resultado de esto pudo verse un año después en la guerra llamada Galaga, presentada por Namco. En esta ocasión, los extraterrestres usaron naves coloridas para identificar las estrategias de los escuadrones, determinando cuáles se tirarían de cabeza contra la nave, cuales dispararían y cuales tomarían como prisionera a la del enemigo.

Confiados en su estrategia, los extraterrestres avanzaron a la segunda fase de su plan: la captura de astronautas.

Así fue como en la batalla de Defender (Williams, 1980) las naves humanas debieron, no solamente vencer a las oleadas extraterrestres, sino salvar a sus compañeros a medida que avanzaban de izquierda a derecha sobre la superficie del planeta.

Pero la humanidad se preparó para dar el contraataque en Centipede (Atari, 1981). Equipados con naves que podían moverse en toda dirección (desarrolladas tras estudiar las enemigas en batallas anteriores), el planeta Tierra tomó por sorpresa a los extraterrestres, que no pudieron  más que repetir la estrategia del enfrentamiento de Space Invaders. Los humanos vencieron y dieron la guerra por terminada en el territorio enemigo… pero se equivocaban. Al volver a la Tierra, objetos alienígenas y naves cubrían la superficie.

El enfrentamiento sería diferente. Con las bases extraterrestres instaladas, las naves de los humanos deberían atravesar un largo trayecto hasta alcanzar las naves más poderosas de los invasores. Una batalla conocida como Xevious (Namco, 1982).

Con la derrota de los invasores, la humanidad pudo disfrutar de un largo período de paz… pero vieron cómo es esto, nunca dura para siempre. Cinco años más tarde, en 1987, la humanidad volvería al espacio para enfrentar a una nueva amenaza. Esta vez, sin embargo, contaban con un arma secreta: la nave R-9, que tenía una excelente movilidad capaz de obtener power ups para volverse más fuerte a medida que combatía. Como era de esperar, la nave avanzó de izquierda a derecha acabando con la amenaza del espacio. Una batalla conocida como R-Type (Irem).

Pero los extraterrestres no iban a darse por vencidos. Si la humanidad tenía una nave con una capacidad impresionante para desplazarse, había dos soluciones posibles: desarrollar armas que dispararan lo suficientemente rápido como para alcanzarlo, o bien, dispararle de todos lados, sin dejar un solo punto ciego. Una modalidad de combate que aparecería por primera vez en la batalla de Batsugun (Toaplan, 1993). Un enfrentamiento que requiere de una velocidad y reflejos de otro planeta.

¿Fue Batsugun el fin de la guerra contra los extraterrestres? ¡Todo lo contrario! Fue el incio de algo mucho peor, porque ya no se hablaría de Shoot ‘em up, sino de Bullet Hell, de un infierno de balas (o Danmaku en japonés). Pero esa, señoras y señores, es otra historia.

Casi no se puede decir «Golden Retriever» sin decir «Retro». Amigo del pixel, de los rpgs clásicos, la literatura, la animación y de ladrarle a los autos. Creador de varios proyectos dejados a medias. También escribe, dibuja y da la pata.

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