El tiempo pasa rápido y ya no sólo pasó GDC (San Francisco), evento al que este año me tocó ir por primera vez, sino también A MAZE (Berlín) y Guadalindie (Málaga), los que tuve el placer de visitar el año pasado y que pronto también tendrán nota porque tuvimos allá a Bruno Martínez y Nico Crescenzi.
Por eso, tarde pero seguro, me gustaría contar un poco sobre las dinámicas de estas citas, con el fin de que sea de ayuda para quien se esté planteando viajar el año que viene.
Ya Juan Lomanto nos contó, en tiempo y forma, sobre el decaimiento de GDC. Yo no había ido nunca, pero había escuchado historias, había visto fotos, y me pareció bastante fuerte el contraste. Incluso comparándola con eventos locales o internacionales (obviamente más pequeños) que estaban explotados de gente. Acá esa concurrencia no se sentía.
GDC es un evento que dura varios días, y que se caracteriza por llenar de devs (desarrolladores) la ciudad. Ya nomás al llegar al aeropuerto de San Francisco, los monitores nos recibían diciendo “Gamedevs: bienvenidos a GDC”. Yo llegué el sábado antes del evento y ya ese día habían actividades extra oficiales para hacer.
Una buena manera de enterarse de estas cosas es entrar a Eventbrite y buscar: les aseguro que el 80% de las citas van a ser adyacentes a GDC.

Así que el domingo me desperté en un hostel casi totalmente lleno de devs, y antes de terminar de desayunar ya me estaban llevando de prepo a un brunch, despoués a un picnic, de ahí al evento Day of the Devs, luego a cenar y, finalmente, de vuelta a tomar té todos juntos en el hall del hostel.
Una colega me dijo: “Uh, ya estoy re cansada”. A lo que le contesté que el evento ni había arrancado. Y así fueron todos los días.
Si siendo dev tenés un pase para ir a charlas, conviene mirar todo lo que hay cada día, ver quiénes vienen y tratar de tener reuniones con ellos. Hay una app paga para tener reuniones de negocios, pero yo que buscaba conectar con colegas, las conseguí sólo con la app gratuita incluída con la entrada. Lo ideal es llenarse el calendario y tener planes B y C, eligiendo en el momento según disponibilidad, ganas, etc.

Lo cierto es que, como le contaba a Juan para su nota, esta vez la mayor parte de las cosas interesantes sucedieron por fuera del predio del evento.
Por supuesto había un millón y medio de charlas super interesantes a las que conviene ir si tu ides es después acercarte para hablar con los speakers, pero las reuniones de negocios en general sucedían en los hoteles de alrededor, y la mayoría del networking en el parque Yerba Buena enfrente al Moscone Center, donde se hace el evento.
Algunas de esas cosas incluso en otros sitios, totalmente extra-oficiales. Porque lo cierto es que la entrada es carísima para todos, no sólo para nosotros, por lo que cada vez son más los devs que deciden usar la GDC como punto de encuentro, no comprar pase y reunirse por las cercanías. Quizás por ese carácter descontracturado se me hizo fácil ponerme a charlar con cualquiera.

Dentro del predio, además de las charlas, también había un showcase enorme de miércoles a viernes. Un montón de stands super chetos mostrando juegos, software y demás cuestiones vinculadas al desarrollo. Sin dudas, el apartado donde más se notó que el evento viene en bajada.
Muchos de los grandes sponsors que solían tener stands gigantes repartiendo merch no estuvieron (me dijeron): como Unreal, Unity… ese tipo gigantes. Y en cambio, una gran parte del piso estaba dominado por cuestiones de IA. Algo que no están bien visto entre los devs, especialmente entre los artistas. Tal como ya había pasado con la fiebre de los NFT en su momento.
La mejor parte de toda la expo fue, sin dudas, la sección de controles alternativos (NdE: ella siempre tan mainstream). Llena de cosas loquísimas que, por su naturaleza de controles físicos (a veces, enormes estructuras de madera) solamente se pueden jugar ahí.

De las charlas que tuve con devs, me quedé con la sensación común de encontrarnos y hacer comunidad, más una mirada llena de cautela de cara al futuro. Quizás también por eso se sintió la necesidad de unirnos y de hacerlo por fuera de las grandes corporaciones. Las charlas iban desde la emoción por los nuevos proyectos, hasta la constante ola de despidos. De situaciones difíciles con los publishers (o la falta de ellos), de las nuevas tarifas de Trump, de los canadienses que no se sentían seguros yendo a EEUU…
Sin embargo, nunca va a dejar de sorprenderme las ganas de los devs de hablar entre ellos sólo por compartir un mismo oficio. Aunque los músicos y dibujantes tienen sus comunidades, en esas industrias no sentí la misma energía de “socialicemos sólo porque trabajamos de lo mismo». Y en eventos internacionales así de grandes, me parece aún más fuerte esa sensación.

Ya les había hablado de esto cuando fui a A MAZE 2024, de esa energía de que nadie es del lugar y todos estamos ahí por lo mismo, entonces está bien ponerse a hablar con cualquiera. Sin embargo, noté una diferencia muy grande entre los eventos europeos con la GDC. Tanto Indie Devs Day como Guadalindie o Indie Dev Terrassa concentran sobre todo a la industria española. Y aunque hay invitados internacionales (¡como yo!) y asistentes de otros lugares de Europa, es más parecido a la EVA, con personas de diferente “grado de seniority” o experiencia, pero de una misma industria.
A MAZE tiene una suerte de vara de entrada invisible en ese sentido, es difícil encontrarte con alumnos ahí. No es que no puedan ir, pero como es un evento de juegos experimentales, se sobreentiende que para hacer cosas raras, tenés que tener un poquito de experiencia, o ya haber pasado por el desarrollo de juegos “tradicionales” para que te interesen cosas menos populares.

Cualquiera con quien charles en A MAZE hizo juegos super locos, tiene algún “doctorado en botoncitos” como decía un amigo de allá, un máster en artes experimentales o algo similar. Pero más allá de eso, es un evento horizontal. Todos van a la misma fiesta, desde expositores, asistentes y organizadores.
Pero en GDC hay tantísima gente con niveles tan dispares de experiencia e importancia en la industria que se da una suerte de estratificación y verticalismo. Hay un millón de eventos sucediendo al mismo tiempo, con diferentes grados de “VIPness”. Había fiestas con pulserita que te invitaban sólo por ser prensa, por trabajar con X publisher, y andá a saber de cuántas no me habré enterado. Otras eran abiertas en algún bar, pero te tenía que llegar la data por ser amiga de alguien que iba.

Porque algo que también pasa en GDC es que se da una sensación muy grande de que “todo el mundo está ahí”. Haciendo el bolso antes de viajar, me reía pensando que cuando voy a la EVA, a IDA, a FIJA o Maquinitas, elijo usar camisetas de Celeste, de A Short Hike o cosas así. Acá en GDC no quería hacer eso, porque estaban efectivamente los devs ahí. Eso no impidió, sin embargo, juntarme a charlar con el músico de Outer Wilds usando la remera de su juego, y reírnos de eso.
Como nota de color (momento “mi país mi país”), fui casi todos los días con unas remeras de Stoyteller (juego del que ahora soy productora) hechas para la ocasión, que no decían nada pero tenían a los personajes grandes en la espalda. Muchas, muchas veces me paró gente agarrándome de atrás para decirme lo mucho que les había gustado el juego, incluso me atrapó después de los IGF un grupo grande de alumnos que me contaron que lo habían estudiado en clase.

Dos momentos muy hermosos para mí fueron conocer a Pedro Medeiros (artista pixelart de Celeste y Towerfall) y a Mark Brown (del canal de Youtube Game Makers Tool Kit), y poder agradecerles lo mucho que aprendí con sus tutoriales hace ya una década o más. Y que ellos digan “¡OMG y terminaste en Storyteller! ¡Me encanta ese juego!!”. Para que no digan después que a los videojuegos argentinos no los conoce nadie.
Siento que podría hablar horas y horas de todo lo vivido en una semana de GDC que se sintió como tres. Pero les dejo con este panorama general de cómo se vivió, y con incógnitas de qué le deparará al evento más grande del mundo en próximos años. ¿Se actualizará a la coyuntura global que se viene? El tiempo lo dirá.

