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lunes, enero 17, 2022

The Game Awards: ¿Existe la competencia objetiva?

Jimena Veronica

Editora General

Gamer desde los 5, aficionada a los juegos de mesa, técnica astróloga, guionista, community manager, redactora y organizadora de eventos de juegos de rol y mesa. El multitasking es mi pasión.
También obsesiva, llorona y profusa detractora de las ciudades.
Soy la Comandante Shepard y esta es mi página favorita de la Ciudadela.

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¿Desde hace cuánto que existen los Oscar? Tanto que recuerdo ser chiquita y ver a mi familia pendiente de la transmisión de los premios antes de poder entender siquiera de qué se trataba. La organización, clasificación y ordenamiento de las cosas es una cuestión de naturaleza muy humana y, aunque nos pese, una práctica que nunca terminamos de decidir si es efectiva o no. Ponerle un número a un juego, darle un premio, alcanzar una estrellita… son parte de esa mecánica necesaria que tiene la vida de reconocer el esfuerzo, pasa desde que nacemos hasta que morimos. En la escuela, en las relaciones, en el trabajo.

Lamentablemente ¿y afortunadamente? no existe un espacio de nuestras vidas del que se pueda escapar a la calificación. Y por supuesto que en vísperas de lo que serán los próximos The Game Awards, a veces reflexiono sobre esta práctica agridulce, la cual detesto muchísimo pero al mismo tiempo considero que puede llegar a ser necesaria. 

¿Por qué puede ser bueno?

Porque hay demasiado. Un mar de videojuegos, ya no existe esto de ir al videoclub y alquilar el cartucho que haya disponible, el que nos llame más la atención por su portada… una experiencia emocionante, si las había, pero también te podés llevar el chasco de clavarte con un título aburridísimo y tener que esperar al próximo fin de semana para que vuelva a estar el que querías o más prometía por su imagen.

Las calificaciones son fabulosas para la eficiencia y el tiempo, sobre todo si van de la mano de tus influencers favoritos. Y con esto no me refiero exclusivamente a la persona que te dice qué podrías jugar en un video de youtube, tranquilamente podría ser tu hermana, tu amigo, tu vieja… cualquiera que de antemano sepas que tiene un gusto similar al tuyo, funciona como filtro. ¿Pero la eficiencia de la técnica está asegurada al 100%?

También puede ser bueno para sus desarrolladores, visibilizamos un juego que quizá no conocíamos y le damos los premios que se merece, puede ser dinero o fama suficiente para cultivar nuevas compras y otra vez lanzar un proyecto mejor. Pocas cosas en la vida deben ser más lindas que recibir un elogio de gran categoría para representar la felicitación a un esfuerzo que te llevó años, como pasa en la creación de muchísimos videojuegos. 

Indie World

¿Por qué puede ser malo?

Porque también estamos viendo obras de arte. Y sí, lo cierto es que las películas también lo son y ahí siguen subsistiendo por los siglos de los siglos Cannes, Oscars, Caracol (real) y una infinidad de galardones más. Pero no sé si esto significa necesariamente que por el tiempo que se han mantenido en la historia sea correcto. ¿Cuántas películas quedan afuera de la selección porque simplemente no cumplen con los requisitos de producción necesarios para brillar, pero tienen todavía más potencial que las presentadas? Aún peor ¿Qué pasa cuando uno de los principales motivos de descarte es pertenecer a un país donde la cultura y el idioma no alcanzan la hegemonía hollywoodense? Ahí también está la clave, esto pasa con videojuegos. Todas las personas del mundo tenemos al menos un título que no jugó casi nadie y que amamos, pero no recibió el reconocimiento que creemos que merece

Puede ser malo porque, de nuevo citando a esa persona que tiene un gusto similar al tuyo, puede recomendarte algo que le resultó encantador, pero cuando pusiste tus manos en el fichín, terminó siendo un absoluto y total bodrio cósmico. O todavía peor: descartaste un juego que te iba a encantar solamente porque te dijeron que no gustó. 

Puede ser malo porque, además, estaríamos colocando en la mesa opciones que apelen de distintas formas a las personas encargadas de evaluarlas, haciendo que esto interfiera (consciente o inconscientemente) en su decisión final. Ni hablar de los premios que corresponden a voto popular ¿Qué hacemos cuando se lleva todos los votos el más popular y jugado cuando había otros que quizá te gustaban mucho más, pero como no lo probaste no lo sabés, y elegís no votar?

¿Entonces los premios son buenos o son malos?

Cuántas preguntas tiene esta nota, qué filosófica. Lo sé. Y de paso, ni siquiera estoy segura. Creo que mi respuesta de primera mano es que sería preferible no evaluarlos.

Todos los años discutimos, en Press Over, en la mesa de casa y en la vida, con un montón de personas sobre cuál es el juego que creemos realmente merecedor de un premio… siendo que ni siquiera conocemos los criterios reales detrás de esa elección.

Podemos suponer algunas cuestiones, como por ejemplo la calidad de los gráficos, el apartado técnico y su prolijidad, el desarrollo de personajes, la buena trama… pero cuidado, porque ya con buena historia pisamos terreno pantanoso, porque para una persona puede ser una excelente consumir un clásico super cliché del estilo “camino del héroe”: personaje x sale al mundo, descubre su identidad, encuentra aliados, pasa pruebas, se enfrenta al enemigo, pierde, entrena, regresa para derrotarlo y vuelve victorioso habiendo aprendido algo. Esto lo vimos tantas veces que ni siquiera somos conscientes de como se repite, pero lo cierto es que FUNCIONA, como si fuera la fórmula matemática perfecta para hacer que un título pueda avanzar.

Para otra persona, sin embargo, una buena trama puede ser algo original y distinto, abordar una temática de abuso desde las imágenes oníricas que despierta su protagonista cada vez que sueña y repite su vida una y otra vez; esto quizá no lo vemos con tanta frecuencia, pero tampoco es garantía de que sea bueno. No podemos negar que en algún momento de tu vida tuviste una discusión con alguien que no vio Game of Thrones preguntándole cómo puede ser posible que no le guste la historia, o quizá… ¡Esa persona hayas sido vos!

The Game Awards

Entonces, si bien podemos calificar las cosas desde los tecnicismos, sabemos que hay un montón de grises. Un indie puede tener el mismo nivel de un AAA si ponemos a la misma altura los esfuerzos considerando las diferencias de presupuesto. También podés haber jugado una obra repleta de bugs pero tan adictiva que te permitió soportar al personaje trabándose entre una escalera y una puerta dos veces por partida, simplemente porque querés un poco más.

Cuánto más indagamos en la complejidad de los videojuegos, más nos damos cuenta que es bastante difícil ponerles una calificación, y no es para menos, considerando que son creados por seres humanos y consumidos por seres humanos. Por lo que en esta ecuación la subjetividad es uno de los comunes denominadores, imposibles de esquivar a menos que el día de mañana veamos videojuegos creados por inteligencia artificial (quizá lleguemos a presenciar eso). 

Y esto no es todo, si empezamos a indagar en terrenos éticos y morales tenemos todavía para más rato, por ejemplo ¿Se merece una remake ganar un premio? ¿Se lo merece un juego denunciado por crunch? La cosa se pone áspera, y aunque tengamos muy en claro lo que diríamos de ellos, también es cierto que de la otra vereda hay un montón de gente que lo tiene claro también; ni hablar de quienes están detrás de las decisiones reales de estos eventos, algo de lo que no tenemos la más pálida idea. 

Conclusiones

En síntesis, no estoy tratando de convencerte de nada. Pero sí quiero recomendarte que cuando veas el programa de The Game Awards el próximo jueves (al que de paso te invito en nuestro canal de Youtube o de Twitch, donde estaremos opinando y transmitiendo desde la previa), en vez de hacerlo desde esa mirada absolutista que solemos poner las personas, trates de analizarlo desde una perspectiva más flexible.

Por supuesto que vamos a estar a pleno con la discusión, nosotros también somos seres humanos… pero siempre es buena la oportunidad de pensar las cosas desde otra óptica, quizá termine ganando uno que no probaste y te lleves una grata sorpresa cuando lo descubras, o quizá termines con tremenda decepción, entendiendo que a veces una calificación no sirve para nada.


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