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sábado, diciembre 4, 2021

Rainworld: la belleza de la crueldad

Realismo, justicia e injusticia en el gaming. El metroidvania más hermoso que hayas visto sobre comer y ser comido.

Mer Grazzini

Columnista

Desarrolladora de videojuegos rosarina. Elemental de la Manija. Mer diseña videojuegos, anima, da clases, toca la guitarra, escribe acá, y dicen que a veces, incluso, duerme.

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Bienvenidos a Indies-pensables, la columna semanal donde buscamos darle visibilidad a esos juegos chiquitos e independientes que valen la pena ser jugados. Hoy le toca el turno a Rainworld, de Videocult.

Rainworld es uno de esos juegos tremendamente hermosos pero tremendamente difíciles (Celeste, Hollow Knight, Dark Souls, ¿alguien más?). Una especie de belleza masoquista, entre la contemplación de lo sublime y la frustración constante. Pero es más de lo que se ve en la superficie. 

Podríamos decir que es un plataformero, sí, pero con muchísima exploración y algunos elementos de metroidvania. Entonces le agregaría que también es un título de supervivencia. Pero no porque sea como Don’t Starve o ese tipo de género donde hay que craftear y pasar la noche. Acá tenés que sobrevivir porque sos una pequeña criatura en el medio de una cadena alimenticia enorme, y nunca había visto una obra que representara ese aspecto de la naturaleza con tanta fidelidad. 

Como bien dice Stuffed Wombat en su videoensayo, (a quien le agradezco por contagiarme la obsesión), parte de este realismo tiene que ver con la lógica de los enemigos/NPC. Las demás criaturas no están ahí al servicio de quien juega, sino que cada una está haciendo su vida, y el protagonista es una más de muchas cosas a las cuales prestarles o no atención.

Hay gente que considera que Rainworld es injusto por eso, cuando en realidad lo que hace es poner a todas las criaturas en igualdad de condiciones. El punto es que estamos acostumbrados a que los juegos tengan una perspectiva de equidad más que de igualitarismo. Dándole más poder al protagonista para contrarrestar enemigos que lo superan muchas veces en tamaño o en cantidad. Te igualan a base de subsidiar la balanza un poco a tu favor para compensar las debilidades de base. Rainworld no es así. 

En Rainworld un enemigo mucho más grande que vos es mucho más fuerte que vos y punto. Claro, tenés lanzas, inteligencia, y podés refugiarte en lugares pequeños, pero estás en notoria desventaja. Tampoco las criaturas pequeñas están ahí a tu merced esperando a ser comidas; van a tratar de huir y refugiarse al igual que vos de las más grandes. Todos estamos conectados en el gran Ciclo de la Vida.

Este realismo y ausencia de lógica de que todo gire alrededor de quien juega queda especialmente en evidencia cuando somos cazados. En un momento, tratando de atravesar una zona especialmente peligrosa, fui cazada por un gran lagarto. Pero lejos de reiniciar el nivel, o mostrarme una pantalla de “game over”, la escena siguió… la cámara empezó a seguir al lagarto que me había comido, que continuó avanzando por ese terreno todavía inexplorado por mí, y me quedé mirando para ver qué era lo que me esperaría más allá, la siguiente vez que lo intentara. Fue muy fuerte darme cuenta de que nada cambiaba porque yo hubiese dejado de jugar. El mundo simplemente seguía adelante. Sin mí.

Porque ser realista también significa ser un poco cruel, y mostrarnos que nuestro tiempo en el mundo es finito, que un día el mundo va a seguir estemos ahí para verlo o no. Pero eso no quita que, aunque cruel; el mundo y Rainworld, también sean un lugar increíblemente hermoso para explorar.

Lo buscan en Steam por doscientos y pico de pesos, casi no tiene texto, y el que tiene, está en castellano. Es difícil y atravesar aunque sea una parte lleva unas cuantas horas, entre 12 y 30 según qué tanto exploremos y en qué modo juguemos. Para quienes sufran especialmente con su dificultad, recomiendo el modo monje (con el personaje amarillo). Es muy interesante cómo este modo “pacifista” no es más fácil, sino que ofrece una dinámica diferente. Hay menos enemigos, y necesitamos menos comida para sobrevivir, pero a la vez, hacemos mucho menos daño, así que estamos muchísimo más indefensos. El juego nos lleva entonces a adoptar una estrategia de huir y esconderse, en lugar de ir al frente con la lanza. 

Tendría que haber terminado este artículo hace un párrafo, y ni siquiera hablé de la cantidad de técnicas que se pueden aprender gracias a su esquema de movimiento basado en físicas, o de oh por dios su soundtrack, o de su diseño sonoro que nos va a Pavlovizar y hacer que los más mínimos ruidos nos llenen de alivio o de pavor. De lo terriblemente hermoso que es todo el tiempo, del sentimiento de maravilla y horror constante que genera entrar a un área nueva, de las ilustraciones impresionantes que nos cuentan la historia, de… 

Por favor, vayan a jugar Rainworld


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