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martes, octubre 26, 2021

La nostalgia y su segunda ola ¿Una ventaja?

Damian Silberstein

Columnista

Casi 40 años, padre de dos hijes, y algo así como periodista. Soy casi tan viejo como los juegos mismos y todavía no me aburrí de jugar. Espero que no se aburran de mis notas. También me gusta mucho Star Trek, Mobile Suit Gundam y Boca Juniors. Si, tenía que decirlo.

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Me tiene cansado la nostalgia. O mejor dicho, me tiene cansado la idea que la nostalgia siempre sea algo a lo que los videojuegos, y otros medios, vuelvan para refritar ideas, conceptos o directamente dormirse en los laureles y venderte algo que no es ni divertido pero que vale la pena por su “estilo retro”.

Pero me guste o no, la nostalgia no se puede frenar, y no solo porque es una emoción humana sino porque también la industria del videojuego, como las de las series, películas, etc, la encontró realmente redituable a la hora de encarar nuevos proyectos.

nostalgia

En ese choque constante que hay entre mi gusto personal contra lo que hay para jugar y revisar, que en muchos casos nos enfrenta a títulos que no siempre nos despiertan un gran interés, me pasó algo particular en estas últimas semanas con dos obras y su valor nostalgioso.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de jugar, antes de su lanzamiento, Narita Boy, cuya reseña pueden leer aquí. Se trata de una aventura de acción con enormes reminiscencias al futuro que se imaginaba en la década de los ochenta, con películas como Tron a la cabeza. Mis primeras impresiones jugandolo fueron “uff, espero que esto no será un puro viaje por nostalgialandia y no tenga nada de juego”.

Y si bien abusa por un momentos de eso, una gran porción del título es vibrante y divertida, con un sorprendentemente sentimental argumento, del que no ahondaré para evitar spoilers. Solo diré que lo recomiendo bastante y que está disponible para todas las plataformas, además está en Gamepass, así que…

nostalgia

Pasado mi tiempo con Narita Boy comencé a transitar otro juego que tiene mucho de nostalgia, en este caso no de los ochenta sino mediados y fines de nos noventa. Se trata de Crash Bandicoot 4: About Time, que hace poquito desembarcó en PC luego de su paso por consolas. 

Debo reconocer que los juegos de Crash jamás me gustaron. Los personajes no me parecieron graciosos y ese modo de plataformas 3D bien verticales se me hacía simplón, al menos en comparación con otros exponentes de este género recontra competitivo.

Pero también debo confesar que Crash Bandicoot 4 me sorprendió gratamente no solo porque agarra la fórmula de los juegos que lo llevaron al estrellato sino que también reformula muchísimos aspectos, como poniendo niveles en 2D. El valor nostálgico acá no solo está presente en el apartado visual, sino también en el aspecto de “collect a ton”, por la enorme cantidad de cosas que podes recolectar, y que le alargan muchísimo la duración al juego.

De más está decir que también lo recomiendo porque se siente como un viaje al pasado mientras que nos tira una bocanada de aire fresco por su jugabilidad directa y concreta. Si, es bastante desafiante, no les voy a mentir, pero no hay un segundo en el que perdiera y me diera por vencido. Eso ya es mucho.

Haber tenido la oportunidad de jugar a estos dos títulos me permitió también perderle un poquito ese cansancio que me da la nostalgia. Si, sigo pensando que es un recurso del que ya se abusó bastante y me gustaría que no se recayera taaaanto en ella. Pero en la medida que sigan haciendo juegos así como los que mencioné, bienvenida sea. 

Así que, ya lo saben, si lo suyo es dar un viajecito con por el pasado pero tener, al mismo tiempo, una pata en 2021, les recomiendo mucho Narita Boy y Crash 4. Ojalá que los próximos juegos que apuesten a la nostalgia este año vayan por un sendero similar. 


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