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domingo, noviembre 28, 2021

Huizinga 1.0: ¿Qué carajo significa jugar?

En esta primera parte introducimos la pregunta por el juego, teniendo como guía el libro "Homo ludens" del autor Johan Huizinga.

Nehual Pascale

Visir del conurbano, Mariscal de Zona Oeste, Marqués de Morón, Maharajá de las papas fritas, Martillo de spoilers, Orgullo Sith y Coso. Trabajo en Lihue.

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Tras un momento del lanzamiento repleto de estrés, miedos y sueño, mucho sueño, llega el instante de poner la pelota debajo del pie. Esta es la ocasión ideal para replantear absolutamente todo. Y cuando digo todo, me refiero ahí abajo, ir al origen, a las fundaciones de los Game Studies; me refiero a Huizinga.

Repasar conceptos, ideas, reencontrarme con búsquedas y pensamientos que por cuestiones del propio desarrollo quedaron relegadas en el camino. Así que partamos de la pregunta base ¿Qué carajo significa jugar?

Me leo escribir esa pregunta y automáticamente pienso “Sos un denso”, sin embargo, no por eso deja de parecerme una incógnita vital para encarar un nuevo desarrollo. Antes de comenzar con el Documento de diseño de juego (GDD), incluso mucho antes de testear una mecánica. Establecer cuál es nuestra concepción sobre este acto es primordial y, quien mejor que Johan para darle marco teórico.

Huizinga meme

La biblia de los Game Studies

En su famosa obra “Homo ludens”, el autor intenta articular esta pregunta con el concepto de cultura. El hecho distintivo de su obra que la mantiene vigente a día de hoy es la posición y la importancia que le otorga al juego, antes relegado como un mero anexo de otras actividades verdaderamente importantes.

Entre sus primeros párrafos encontramos una respuesta a las miradas racionalistas y biologicistas. Johan posiciona esta actividad a la altura del pensar y el fabricar, desde ese  lugar nace la construcción del título que lo ubica como una actividad esencial. En el mismo prólogo afirma que “...la cultura humana brota del juego -como juego- y en él se desarrolla”, ¿Qué nos esta queriendo decir? 

Es común escuchar el día de hoy personas que defienden al medio validándolo a través de los conceptos de cultura o, diciendo que es arte. Cuando alguien (por algún motivo desconocido) se te acerca sigilosamente y susurra, ¿Otra vez con los jueguitos? Vos agarras, te acomodas el monóculo y le respondes con voz grave “Disculpame, estoy interactuando con un producto cultural”.

El juego como motor cultural

En ese preciso instante se termina la conversación (aunque pueda extenderse con un par de intercambios en forma de burlas) porque ninguna de las dos partes puede esbozar con claridad una definición breve de cultura. Fuera de bromas, estos intercambios poco fructíferos, se producen en un marco donde ciertas actividades están aceptadas como prácticas superiores dentro de un mundo adulto enfocado exclusivamente a la producción. 

El acto de jugar no produce ningún bien, más allá del simple placer que provoca practicarlo. Esta condición hace que caigamos en la trampa de buscar algún componente que pertenezca a la esfera de lo serio para resguardarlo de las garras del dragón ortiva. En resumen, al invocar la palabra con C, lo que hacemos es decir, entre líneas, que estamos llevando a cabo una práctica importantísima.

Más allá de las coincidencias que pueda compartir con esos pensamientos, son explicaciones que buscan por fuera del ámbito lúdico motivos o excusas que sirvan para elevar al juego a una posición indiscutible. La hipótesis que expresa Huizinga apunta hacia otro lado. Cuando Johan dice que la cultura brota del juego, dirige su mirada hacia una concepción más profunda, que no esta estrictamente vinculada con alguna obra específica.

Lo que nos esta queriendo decir el teórico neerlandés es justamente eso, que el acto de jugar es tan trascendental que precede a la cultura y, que no solo es anterior a ella, sino que es el juego en sí mismo quien la produce. Lejos de afirmarse en una posición defensiva, Huizinga da un paso al frente. No nos invita a pensar qué lugar ocupa entre las demás manifestaciones culturales, sino en qué grado estas poseen características lúdicas.

Cultura meme 2

Huizinga, compadre… ¿Por qué sos tan vueltero?

Homo Ludens es una lectura difícil, especialmente enroscada, de esas que tenés que volver varios párrafos para atrás porque perdés constantemente el hilo de la conversación. Por momentos, el texto tiene características más propias de una narración oral, donde se superponen las ideas constantemente y no terminás teniendo en claro hacia donde apunta.

Más allá de estas cualidades, las incógnitas que propone son vitales para hacer crecer al medio, así que vamos a intentarlo de nuevo ¿Qué carajo significa jugar? Pregunta verdaderamente difícil de responder, aunque la repita una y otra vez, como una manera de obligarme a abordarla, va ser más sencillo arrancar por la negativa; empecemos por delimitar aquello que no es. 

En primer término, es necesario aclarar que no es un fenómeno fisiológico, que traspasa los límites de aquello estrictamente biológico. Cuando jugamos no estamos respondiendo a una necesidad, ni a un instinto. Al descartar toda idea relacionada a un impulso incontrolable, solo resta pensarlo como un acto abstracto; como un ejercicio creativo. 

¿Qué es lo creamos? Si unos párrafos antes decíamos que de este acto brotaba la cultura, es factible pensarlo como una actividad que ordena, organiza, discrimina y da forma a todo aquello que nos rodea. En otras palabras jugamos a otorgar significado a las cosas y, en consecuencia, elaboramos lenguaje. 

Monito meme

Elemental, mi querido Johan

Existen muchas maneras de pensar la industria, los debates que se generarán dependen, en gran medida, de cada obra y de les participantes inmersos en su esfera. Esta afirmación más o menos aceptada por todes no elimina la existencia de una condición transversal; la capacidad expresiva.

Huizinga afirma que es una actividad que hacemos por el placer que nos produce en sí misma, no es la consecuencia de un pensamiento racional, tampoco es el resultado de una necesidad física. Entonces, una vez descartado lo bio-lógico, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser lo subjetivo.

Al interactuar con un mundo reglado estamos, todo el tiempo, tomando decisiones. A través de nuestra forma de jugar comunicamos, exponemos nuestras ideas,  nos posicionamos ante este microuniverso y sus demás participantes.  Aun cuando las reglas se mantienen inmutables, la libertad dirigida que posibilitan será clave en la personalización de la experiencia.

Jugar es nombrar

Cuando jugamos tomamos decisiones, elegimos caminos, formas de abordar una situación. Incluso en obras lineales o, en los mal llamados walking simulator, la velocidad de desplazamiento o la cantidad de tiempo que le dediquemos a observar y explorar queda a nuestra merced. Es en ese huequito donde entramos en juego.

Con más dudas que certezas me animo a afirmar que la posibilidad de decir, la capacidad de comunicar es el factor diferencial que atraviesa a todas las obras del medio. Incluso en otras prácticas que en primer momento parecen tan ajenas, como la hamaca o el tobogán.

Cuando jugamos nos exponemos, pronunciamos nuestra identidad, manifestamos nuestra manera de enfrentar el mundo, en otras palabras, cuando jugamos nombramos. Y para vos ¿Qué carajo significa jugar?


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